Mitos y Simbolismos de los Rituales llamados Composturas

Hay una distinción implícita en el gran conjunto de las ceremonias y los rituales practicados por los campesinos de tradición lenca. Es importante y útil señalarlo. Se trata de una diferenciación entre lo doméstico y lo público.

Las ceremonias que tienen un carácter público se efectúan en los cabildos indígenas, las iglesias o capillas, es decir, en un centro de población. Son organizadas por la jerarquía religiosa indígena la Auxiliaría de la Vara Alta de Moisés. Aunque su fundamento es netamente católico, fuertemente inspirado por el antiguo testamento, algunos de sus rituales se arraigan en el pasado prehispánico. Hoy en día (1982) estas manifestaciones religiosas ya han dejado de existir, sin que por eso se excluya la posibilidad de una renovación en el futuro. Como mencionamos en el primer capítulo, está desintegrándose debido a la obstrucción del Estado, al rechazo de la Iglesia y a los impactos de la modernización.

Las ceremonias domésticas tendrán quizás más posibilidad de supervivencia y de resistencia que las públicas frente a las fuerzas que se oponen a ellas. Por dinámicas que sean estas fuerzas se debilitan a medida que se alejan de los centros políticos económicos. Los rituales domésticos son asuntos de familia, de parentela  y de vecindad pese a que a menudo participa una autoridad de la Vara Alta, y un rezador, pues ellos son campesinos como los demás. La mayoría de estos rituales llamados comúnmente composturas son precedidos de una visita a la iglesia más cercana pero se celebran, casi todos, en el campo y en el borde de pozos o lagunas, y aún el monte. Esta categoría abarca no solamente las composturas sino también los conjuros, la adivinación y la brujería. Ellos son los temas de este libro.

Comentaremos aquí algunas oposiciones simbólicas que se destacan de la compostura en sí.

El jefe de familia, normalmente propietario del campo o de la casa donde se efectúa la compostura, ofrece el homenaje por su propia cuenta. A veces actúa como el rezador, si sus conocimientos lo justifican. Si el propietario es una mujer, se trata generalmente de una viuda; pero si es un hombre, su mujer y toda su familia así como la mujer del rezador, participan en el rito. Todos son “principales” para la ceremonia, mientras que a los invitados se les dice “gente común”.

Para las composturas se construye un altar, formado por un armazón de ramas, de forma rectangular y de un metro y medio de altura aproximadamente, en el que insertan ramas de pino. La cruz bendita, perteneciente a la familia del propietario, es indispensable para estos ritos; a veces también una segunda cruz hecha con ramas, que luego se deja en el lugar. Se disponen sobre el altar unas plantas parásitas llamadas zomos, que crecen en los árboles de la alta montaña. Estas plantas simbolizan los espíritus a los que está dedicado el rito. Al pie del altar arden velas en número de 2, 4, 9, ó 18. También se colocan allí los jarros de chicha, aves destinadas a los sacrificios, copal, un metate para moler los granos de cacao que se utilizan durante el rito, tazas, pequeñas vasijas de barro, etcétera.

Todo el rito está concebido de acuerdo con una doble oposición respecto al altar: entre la derecha y la izquierda y entre lo alto y lo bajo. Los principales están vinculados con la derecha y lo alto; la gente común (los invitados) son los testigos y les corresponde la izquierda y la parte baja. Los rezos se hacen del lado derecho y cuando los principales los recitan, se colocan de ese lado del altar. Los granos de cacao que se emplean, solamente para esas ceremonias, pertenecen a los principales. Recordemos aquí que entre los aztecas, los mayas y probablemente los antiguos lencas, esos granos circulaban como moneda y que su consumo como bebida (chocolate) era un privilegio reservado a los nobles. Los campesinos conservaron esta noción en sus ritos. Los granos de cacao son molidos por la mujer del propietario, es decir, una mujer principal (noble), en la parte derecha del altar, y luego mezclados con chicha que se vierte en las plantas como ofrenda. A continuación esta bebida es tomada casi exclusivamente por los principales en pequeñas vasijas de barro, que sólo se utilizan  para este fin. En la mayor parte de estos ritos se sacrifica un pollo y un guajolote (pavo), aunque este puede sustituirse por una gallina o un gallo. El pollo es sacrificado del lado derecho del altar “en nombre del rezo” y su sangre se deja correr sobre la planta (zomo) colocada en la parte más alta. Después de cocinarlo en un jarro especial, la dueña lo ofrece a los principales. El guajolote es generalmente sacrificado en honor a la tierra y destinado al almuerzo de la gente común. Agreguemos aquí que el guajolote es de origen prehispánico, mientras que los pollos fueron traídos por los conquistadores. Aún en la actualidad —como evidentemente fue desde el siglo XIV, cuando un sacerdote católico visita una aldea, se le ofrece, si es posible, un pollo en vez de un guajolote. Se puede entonces adelantar la hipótesis de que, para los lencas, el pollo simboliza el poder: Los conquistadores, los principales y los propietarios, mientras que el guajolote representa el no-poder: los vencidos, la gente común, los simples testigos.

Como todo ritual, la compostura es un acto simbólico de implicaciones socioeconómicas. En su aspecto social reúne personas que están ligadas entre sí por parentesco y por vecindad y que pertenecen al grupo étnico de la tradición lenca. Es muy raro que un extraño participe en los rituales. Entre los invitados (la gente común) y los que ofrecen la compostura y el rezador y su esposa (los principales) existen relaciones de reciprocidad y los papeles se alternan: un individuo que hace una compostura, y por ende tiene el papel de uno de los principales, es invitado a otra donde forma parte de la gente común. Los vecinos y parientes de una aldea y sus alrededores suelen acudir a casi todas las composturas que allí se celebran, sin que por ello los participantes constituyan círculos cerrados.

Su dimensión económica radica en los gastos de dinero, bienes y tiempo que requieren las composturas y también en la labor o el trabajo comunal que se realiza durante algunas de ellas, como la de la siembra.

La compostura es parcialmente análoga a la misa católica. Las siguientes correspondencias son las más evidentes:

  • el rezador: el sacerdote,
  • el dueño que ofrece la compostura: un donador,
  • los invitados: la congregación.

El altar de la compostura parece haber sido concebido como un altar, de iglesia, por cuanto a:

  • su orientación hacia el este
  • su ubicación en el centro (de la milpa, por ejemplo) como la iglesia se sitúa generalmente en el centro de una comunidad o barrio

Los objetos rituales también  revelan algunas analogías:

  • los zomos con las imágenes
  • el copal con el incienso y el agua bendita.
  • Los granos de cacao con limosnas de moneda.
  • El rostro de las exequias en el túmulo o catafalco.

Y otros objetos son los mismos, como la cruz, la candela, el cohete.

En cuanto a su contenido o significado, lo que más distingue este ritual de la misa es la relación de reciprocidad implicada en la compostura. Esta es vista más como un pago a los espíritus, que como una adoración a ellos o contemplación de lo divino, del ritual cristiano. Aunque, desde luego, el concepto de retribución no es ajeno a la liturgia católica.

Los fieles que asisten a los actos religiosos en la iglesia también pueden esperar que haya o que habrá un gesto de reciprocidad, o pago por parte del poder divino en cualquiera de sus manifestaciones.

Presentamos en las páginas que siguen, declaraciones, discusiones y mitos de campesinos de la tradición lenca, que explican las modalidades de acuerdo con sus convicciones religiosas por lo que atañe al origen y viabilidad de los rituales domésticos, enfocando especialmente las composturas.

Evocaciones mitólógicas y mitos

Antonio Rodríguez, quien es un rezador de composturas, se expresó así:

Hacer las veneraciones (composturas) es como sembrar con abono: abono es la sangre del pollo, las candelitas, el fresquito (chicha). Yo no ando con abono (químico). Si Dios me lo quiere dar, Él me lo va abonar.  El abono es rezar, encomendar a Dios y a la Santa Tierra, hacer las veneraciones para todas las siembras: de maíz, de papas, para las frijoleras, las tomateras, todo de la tierra. Ya no rinde la tierra porque ya no cree la gente en Dios. ¿Porqué se nos va acabando toda la alimentación? Porque ya no creemos en Dios.

Las veneraciones se hacen a los ángeles. Buscamos como venerarlos con rezos, cohetes, primicias de la tierra; a recordar a los ángeles porque ellos nos dan agua y todas las frutas de la tierra. Los ángeles son mandados por Dios y hacemos las veneraciones y los ángeles para que vengan buenas cosechas. Si no las hacemos vienen enfermedades y malas cosechas. Dios Nuestro Señor, nos dejó estas reverencias, pero los mayas también hacían sus veneraciones.

Sigue una discusión entre varios campesinos en el cabildo de la aldea de Guajiquiro, Departamento de La Paz, que tuvo lugar en 1996.

Cuenta el Señor Silvestre Pérez:

Los del siglo anterior eran incrédulos de la religión apostólica romana. Trabajaban mucho. Eran incrédulos hasta la llegada de los misioneros. Entonces, en el siglo anterior, había muchos duendes. Tenían visiones y animales que no eran de este mundo, partidas de aves, de cabras y de ganado. Los duendes eran los dueños de los cerros. Cuando alguien entregaba un niño al duende, éste le daba riqueza, ganado.

Aclara el Señor Baltazar López:

Los duendes vivían en la cueva de La Mula, por Dolores (Departamento de Intibucá), pero ahora ya no.

Sigue Pérez:

Los Duendes andaban en público.

Comenta López:

El duende iba tras una muchacha y si ella iba con él (consentía), le daba riqueza.

Relata Pérez:

Un duende contaba a la mamá de un niño que le daría un potro si le regalaba su niño. Pero ella no se lo regaló, no quiso que se lo quitara, pero de todos modos el niño murió. Siempre se lo llevó el duende pero no lo llevó de la voluntad de la madre. Ella se portó bien pero otros no, al contrario. Y por eso, de allí venía el diluvio, porque no se acordaban de Nuestro Señor. Vendieron sus niños a los duendes. Pero nosotros somos después del diluvio. De allá para acá es otra generación, la generación de Noé. Aquellos (del siglo anterior) quedaron vencidos. Ahora para acá los cerros son benditos. Los padres han venido a bendecirlos. A nosotros también nos echaron agua bendita para que se vaya el genio de la tierra, los malos espíritus, para que seamos hijos de Dios, hijos del copal y la candela, del agua bendita. Cuando el diluvio, el Señor ordenó a Noé hacer el arca con la ayuda de sus tres hijos. Cuando terminaron el arca encerraron en cada cuarto del arca una pareja de todos los animalitos. Vino el Señor y dijo: “Enciérrense”. Y encerraron de todo ser dos. Vino la lluvia durante cuarenta días y cuarenta noches —todo era un mar. Este cerro es alto (el de Guajiquiro) pero el agua subió a setenta y cinco codos arriba (de la cima). Cuando cesó el agua no se secaba la tierra. El Señor ordenó que soplara el viento y el viento la iba secando. Cuando ya estaba medio seca sacaron una paloma del arca, pero no volvió. Se cayó en el agua y se ahogó. Noé esperó otros ocho días y sacó un cuervo a las tres de la tarde. Pero éste volvió al arca a descansar en la ventana porque no había donde sentarse en la tierra. A los ocho días más Noé volvió a sacar otra paloma y ésta si ya trajo de vuelta, arena y una ramita de olivo. Entonces el arca cayó al suelo. Pero todavía la tierra no tenía firmeza, estaba movida de agua. Noé esperó otros ocho días para que se secara más. Sacó otra palomita cuando vio que la tierra estaba más dura… Nosotros descendemos de Noé, de los tres hijos de Noé. Ya no (desde el diluvio) hay genios en la tierra, ni malos espíritus de los cerros, de los nacimientos de agua, de las quebradas se acabaron todos.

Objeta López:

Sí hay.

Consiente Pérez:

Siempre están molestando, es cierto.

Interviene el Señor Pedro Correa Martínez:

En revelaciones, en sueños le sale una serpiente. Uno riñe con ella y como somos cristianos la vencemos.

Continúa Pérez:

Cuando labramos la tierra, nos molestan (los malos espíritus) somos labradores de la tierra y allí está donde molestan los genios.

Añade Correa:

Hay lugares muy ofensivos ríos especialmente donde están los malos espíritus, en Guajicerito, en Jicarito, en la Flor (caseríos de Guajiquiro). Algunos aparecen en las aguas y otros por los caminos. Se transforman en animales en leones, gatos del monte o un perro y le atacan a uno como queriendo cazarle.

Comenta López:

Un señor salía a cazar mucho pero nunca hizo ninguna ceremonia. Después quedó como cachonado, (medio tonto) porque no había hecho sus composturas a los duendes (de los animales de la caza). Un señor rico tenía una fiera de nagual. Mataron al nagual y él quedó muerto también. Esto es cierto. No es creencia.

Correa cambia el tema:

Cuando un animal (espíritu de un difunto) visita su familia el puro (cigarro) se quema como un cajoncito (la ceniza pegada al puro toma la forma de un cajoncito). Entonces se manda a rezar a las ánimas. Es que uno anda en pena. Rezando se le da descanso. También le ponen candelas en el altar de la casa y le dan copal. Primeramente el copal porque es más fuerte que el humo del tabaco.

Otro presente:

Cuando el puro se quema de un solo lado y hay un enfermo en la casa, podría ser (la causa de la enfermedad) el genio de la tierra. Quiere decir entonces que el enfermo vio un duende. Entonces frente al altar se da copal y agua bendita y se bendice al enfermo.

Explica López:

El rezador lo bendice. Primero rezan (cuando alguien se enferma) y luego si no le llega, se le da medicina.

Pérez añade:

En febrero había mucha gripe aquí. Provino del profundo hielo. Ahora no hay guineos. También los ocotales mueren de la plaga. Todo eso es mandado por Dios. Nos quiere castigar, hasta con el agua (la lluvia) que no ha venido.

Y Correa resume:

Dios todo lo maneja, mediante buenos y malos.

Luego Pérez:

Hemos faltado con el maicito (el maíz). Le damos a los animales, a los chanchos (cerdos), y a las bestias, lo llevamos al comercio. Sería ésta la falta que hemos hecho. Yo no engordo chanchos con maíz ni lo doy a las bestias. Sólo les doy maicillo cuando hay. Pero los ricos, un rico que conozco tiene sesenta chanchos, sí les dan el maíz. No se debe darlo a los animales.

Pérez y López juntos:

Ni al comercio. El maicillo es para los animales, el maíz grueso no.

Pérez sigue:

Yo lo paso rezando. Hago veneraciones en mi casa. Primero copalco el maíz y los frijoles que nos da la Santa Tierra Virginal.

Responde López:

Se reza mucho para las veneraciones. Se hace una cruz de pino. Aquí no usamos zomos pero sí matamos un pollo y su sangre es para la tierra. También echamos cacao en el chilate (bebida de maíz) y un trago de aguardiente. Prohibieron la chicha aquí.

Y finalmente Pérez:

También hacemos veneraciones cuando levantamos la cosecha. Antes era tres veces para el maíz, pero ahora con una vez para la siembra dicen que es suficiente.

Todos, menos el Señor López, me mostraron sus escapularios y cruces colgados de listoncitos que llevan alrededor del cuello y caen sobre el pecho dentro de la camisa abierta de manera que se les vea. “Es para la defensa de uno. La cruz es una gran defensa”, me explicó la señora Enriqueta Mendoza.

Tomado del libro Antología Filosófica. Vilma Mondragón et al.