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abr 25

Chistes

Un gato y una gatita se declaraban su amor sobre la tapia trasera de la casa. El primero se inclinó hacia la gata y le dijo al oído:
—Linda, por tí sería capaz de morir.
Ella lo miró tiernamente y preguntó:
—¿Cuántas veces?

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Había una gran fila en las puertas del cielo bajo un letrero que decía: Para los maridos dominados por su mujer”. A la par había otro letrero que decía: “Para los que no vivieron dominados por su esposa”. Allí esperaba un solo hombre. San Pedro se le acercó y le dijo:
—¿Qué espera aquí, buen hombre?
—No sé, —dijo él. —Mi mujer me mandó a esperar aquí.

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—Te lo juro, Pepito, que eres mi único amor.
—No me llamo Pepito, me llamo Paco.

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El gato maullaba y maullaba y ningún ratón se dejaba atrapar. Entonces empezó a ladrar y los ratones salieron tranquilos de su madriguera. El gato atrapó a uno; y el ratoncillo le dijo:
“Hey tramposo: si usted es gato, ¿por qué ladra?
Y el gato, muy serio, le respondió:
“Mijito, es que hoy en día el que no sepa siquiera dos idiomas se muere de hambre”.

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En una fiesta, le dice un señor a una dama:
—Señora, el licor la embellece a usted.
—¡Caballero, yo no he bebido nada!
—Usted no, pero yo sí.

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—¿Sabes cuál es el mejor negocio del mundo?
—Comprar a un argentino por lo que vale y venderlo por lo que él cree que vale.

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Caminaba un hombre hacia la ciudad de León, pero iba cansado, sudoroso, sucio, desgreñado y maloliente. Encuentra a un señor y acercándose a él le pregunta:
—Dispense, ¿cuánto me falta para llegar a León?
—Para llegar a león, śolo le falta rugir y enseñar los dientes…!

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Un joven va donde el adivino a que le diga qué número de billete de lotería debe comprar. El adivino le dice:
“¿Cuántas novias ha tenido usted?”
—35
—Entonces compre el número 2,235.
El muchacho compró el 2,235.
Y luego… zás, el número ganador fue el 2,200.
Todo rabioso, exclamó: “Eso me pasa por mentiroso”.

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—¡Ayúdame, doctor! —suplicó el anciano paciente— Estoy muy preocupado porque tengo cien años y todavía me alborotan las muchachas.
—Bueno —sonrió el facultativo—, el suyo es un caso ciertamente insólito, pero no tiene nada de malo. ¿Por qué pide ayuda?
—Porque persigo a las muchachas, pero ya no recuerdo para qué.

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Un tipo quiso burlarse de un sacerdote y le dijo:
—Padre, ¿cómo nos pondremos el saco en el cielo, si allí tendremos alas?
—Tú piensa cómo te vas a poner los pantalones en el infierno, porque me parece que vas a tener cola.

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La mujer de un púgil de profesión comentaba: “Esto de estar casada con un boxeador es de veras emocionante. Cada vez que vuelve a casa parece un hombre distinto”.

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El doctor: —En mis años, jamás había visto a un hombre de ochenta y nueve años en sus condiciones. ¿A qué se debe su buena salud?
—Bueno, cuando yo me casé, mi mujer y yo hicimos un trato. Cada vez que alguno se enojara debía salir al patio hasta que se le pasara el enojo. Y creo que mi buena salud se debe a eso, pues casi siempre he vivido al aire libre.

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—Yo conozco una palabra de cuatro letras que si le quita una, queda una.
—Eso es imposible. ¿Qué palabra es?
—”Luna”; si le quitas la “l”, queda una.

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La recepcionista del médico se quedó estupefacta cuando la monja salió del consultorio hecha un basilisco y se fue sin pagar el importe de la consulta. En seguida se asomó el médico, y ella le preguntó qué había sucedido.
—Nada: la examiné y le dije que estaba embarazada —respondió el galeno.
¡Doctor! —exclamó la recepcionista—, ¡Eso no puede ser!
—Desde luego que no —replicó el médico—. Pero, ¡vaya que se le curó el hipo!

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Profesor, estoy dispuesta a hacer cualquier cosa para pasar la materia —dijo la espectacular rubia, cuya blusa estaba a punto de estallar.
—¿Cualquier cosa? —preguntó el profesor.
—Cualquier cosa —repitió la joven en son de promesa.
—Entonces, estudie. Estudie querida, estudie.

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Se sube una señora a un autobús lleno de pasajeros y se da cuenta de que la mayoría de asientos iban ocupados por hombres y dice:
—Caramba, aquí no hay caballeros que cedan los asientos.
Y le contesta un hombre:
—Caballeros sí hay, lo que no hay son asientos.

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—¿Qué es lo que más te gusta de mí, querido? —le preguntó la mujer a su marido.
—Mi hermoso rostro o mi cuerpo escultural?
—Tu sentido del humor.

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Dice Pedrito:
—Mamá, tú me engañaste. Dijiste que mi hermano es un angelito.
—No te he mentido, hijito, es verdad.
—No es verdad, porque yo lo arrojé por la ventana y no voló.

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Un misionero se topó un mal día en la selva con un león feroz.
—¡Voy a devorarte! —rugió el rey de las fieras— ¡Prepárate a morir!
El evangelizador se postró de rodillas y se puso a orar con más fervor que nunca. En eso miró cautelosamente por entre los dedos y vio que el animal también se había arrodillado, y se cubría los ojos con las patas delanteras.
—¡Milagro! ¡Milagro! —gritó— ¡Mis rezos han enternecido el corazón de esta fiera!
—¡Cállate! —ordenó el león— Estoy bendiciendo la cena.

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—¡Papá, papá!
—Cállate, no quiero que me des quejas mientras estoy comiendo.
El hombre termina de comer y dice:
“Ahora sí dime lo que me querías decir”.
—Era que… dentro de la sopa iba un gusano.

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Llega un joven chistoso a un bus que ya llevaba muchos pasajeros de pie y grita:
—¿Ya está llena el Arca de Noé?
Un señor muy serio miró y dijo:
—Suba… me parece que faltaba el burro.

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Un grupo de niños va gritando por la calle: “No necesitamos alcalde”.
En la vuelta de una esquina se encuentran con el mismo alcalde, quien echa mano a uno de ellos y le pregunta: “¿Por qué no necesitan alcalde?
—Pues.. porque ya lo tenemos.

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Como médico es asombroso. Figúrate que ha conseguido curar a mi mujer después de que dos docenas de especialistas fracasaron. A él le debo mi felicidad.
—¿Es cierto que tu esposa padecía de los nervios y que estaba imposible. ¿La curó?
—Completamente.
—¿Qué remedio puso en práctica?
—Pues nada; le dijo simplemente que todos aquellos trastornos que sufría eran síntomas de vejez.

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La semana pasada vi un caballo que tenía el lado derecho completamente blanco.
—¿Y el izquierdo?
—¡También!

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El profesor explica los tres reinos de la naturaleza:
“Las vacas pertenecen al reino animal. El petroleo pertenece al reino mineral…” Luego pregunta: ¿Y los árboles del parque a qué pertenecen?”
“Al municipio”, responden los alumnos.

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—Prometo que, si votan por mí, les construiré escuelas, hospitales, carreteras y hasta un puente —afirmó el candidato durante su discurso de campaña en un pueblecito.
—¿Para qué queremos un puente —protestó un ciudadano— si ni siquiera tenemos río?
—No se preocupen. También les construiré uno.

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De modo que te han suspendido de historia ¿eh?
—¡Claro! Me preguntaron cosas de cuando aún no había nacido.

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Recuerden que nadie puede ser el primero en todo —decía un profesor a sus alumnos.
—¿Y qué me dice usted de George Washington? —replicó el estudiante más descarado de la clase—. Siempre nos han enseñado que fue “el primer presidente de su país, el primero en la guerra, el primero en la paz y el primero en el corazón de sus compatriotas.
—Todo eso es cierto —asistió con ágil ingenio el profesor—¸pero no olvide usted que se casó con una viuda.

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San Pedro y el demonio discutían un día a quién tocaba componer la cerca rota que separa el cielo del infierno. Por fin, exasperado, el santo exclamó:
—¡La arreglarás tú, Satán, o te demandaré!
—Demándame si quieres —repuso confiado Satán—. ¿En dónde conseguirás un abogado?

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Un terrible tigre persigue a un misionero. Éste le dispara todos los tiros de la carabina, y nada. Luego le dispara todos los tiros de su revólver, y nada. Entonces saca su gran cruz, y dice: “Voy a ver qué tanta fe tengo”. Y enfrentándose al tigre le da una bendición con la cruz. El tigre se detiene y se arrodilla. El misionero está feliz de su gran fe, cuando oye que el tigre está diciendo: “Bendecid, Señor, el alimento que voy a tomar…”

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Dos muchachas cambian impresiones acerca del porvenir, y una comenta:
—Desengáñate; los hombres son como los autobuses: pasan muchos, pero el que tú esperas nunca llega.

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El muchacho pide permiso a la madre para acompañar a su hija.
—No; no puedo consentirlo —contesta la madre.
—¿No se fía usted de mí?
—Sí señor. Le creo un chico formal.
—Entonces ¿es que no tiene confianza en su hija?
—¡Ya lo creo! De quien no me fío es de los dos juntos.

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Un niño en la escuela de párvulos le contaba con frecuencia a la profesora que le iban a traer un hermanito. Un día la mamá le permitió al chiquitín que le pusiera la mano sobre el abdomen para que sintiera los movimientos de la criatura por nacer. Desde entonces el niño no volvió a hablar del esperado advenimiento, hasta que un día la maestra le preguntó:
—¿Qué pasó con el hermanito que te iban a traer?
Con el rostro nublado de tristeza, el chiquillo repuso:
—Creo que mamá se lo comió.

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Dos viejos amigos —médicos amigos ambos— se encuentran después de muchos años:
—¿Qué te ocurre, coleguita, que pareces desesperado?
—Es que necesito un siquiatra.
—¿Pero acaso no lo eres?
—Sí, pero yo cobro muy caro.

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—Doctor, vengo a demandar a mi vecino.
—¿Porqué?
—Porque me ha llamado “macaco”.
—¿Y cuánto hace que lo llamó así?
—Hace dos años.
—¿Y hasta ahora se le ocurre presentar el pleito?
—Se lo diré. Es que esta mañana he visto por primera vez un macaco.

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¿Cuántas veces os he de decir que no quiero que os peleéis?
—Si no peleamos tío; es que jugamos a papá y mamá.

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Una madre a su hija quinceañera:
—Puedes ir donde quieras y hacer lo que desees, pero antes tienes que aprender a decir la palabra “no” en quince idiomas.

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El hombre se sentía morir. Y llamó a su esposa:
—Vas a prometerme una cosa.
—Lo que quieras —dijo ella conmovida.
—Que antes de un año, después de mi muerte, te casarás con José.
—Pero, ¡querido!… Sí siempre has dicho que nunca le perdonarás las granujadas que te hizo.
—Por eso quiero que te cases con él, mujer.

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El buen señor, con traje nuevo por ser día de fiesta, es atropellado por un ciclista y se levanta ileso, pero con el traje estropeado.
—Ha tenido usted suerte— le dice el ciclista.
—¿Suerte?
—Sí, por ser domingo. Los días de trabajo conduzco un camión.

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“¡Cuando yo bebo, todo el mundo bebe!”, gritó u hombre en el bar, y todos los presentes acudieron a la barra. Terminando su whisky, el tipo aquel volvió a vociferar: “¡Cuando yo tomo otro trago, todo el mundo toma otro trago!”. Todos bebieron nuevamente, agradecidos.
El hombre apuró su segunda copa, sacó de su bolsillo dos dólares y los puso sobre el mostrador al tiempo que daba un puñetazo.
“¡Cuando yo pago”, rugió, “todo el mundo paga!”.

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La joven estaba exhausta antes de terminar su luna de miel. ¡Tal era el ardor de su marido, de 75 años de edad! Aprovechando que él había ido a afeitarse escapó del cuarto y bajó, tambaleante, a la cafetería del hotel.
—¿Qué le pasa, señora? —le preguntó la mesera— ¿Cómo es posible que, siendo él un vejestorio, se haya agotado usted tan pronto?
—¡Ese hombre me engañó! Cuando dijo que llevaba sesenta años ahorrando, ¡creí que hablaba de dinero!

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En una ciudad pequeña, un agente de tráfico detuvo a un automovilista que corría a gran velocidad por la calle principal. El infractor empezó a protestar.
—Señor agente, permítame que, le explique: yo…
El oficial lo interrumpió:
—¡Silencio!. Lo pondré tras las rejas hasta que regrese mi jefe.
—Pero, señor oficial, escúcheme, debo decirle que…
—¡Ya le dije que se calle! Ahora mismo irá usted a la cárcel.
Varias horas después, el agente fue a ver al infractor y le dijo:
—Es usted afortunado. El jefe asiste a la boda de su hija; cuando regrese, estará de buen humor, y quizá lo perdone.
—No esté tan seguro —replicó el joven— Yo soy el novio.

***

Estaba la esposa componiendo una poesía cuando llegó su marido con la camisa llena de rotos. Ella le dice: “Mijito, ayúdame a completar este verso”:
“¿Qué le dirá la dulce brisa del piélago compungido?”. El responde: “Pues… que le cosas la camisa al pobre tu marido”.

***

Un médico le dice a un enfermo mental:
“¿A usted no le ha sucedido que oye voces sin ver a las personas?”.
El enfermo: “Sí
—¿Y cuándo?
—Cuando hablo por teléfono.

***

Una señora va a ver a un siquiatra famoso para que le recomiende un método para tratar a su marido.
—Usted profesor, que conoce todos los rincones del alma humana, dígame como hacer feliz a mi marido.
—Trátele como a un perro.
—¡Profesor!
—Sí, mujer, como a un perro. Muchas caricias, permítale poner los pies en las butacas y, sobre todo, no le moleste mientras come.

***

—Doctor, ¿sí lograré llegar a los 90 años?
—¿Fuma usted?
—No
—¿Toma trago?
—No.
—¿Va al cine?
—No.
—¿Le gusta comer mucho?
—No.
—Entonces… ¿para qué quiere llegar a los 90 años?

***

El presidente Julio Lozano va en un avión, con cien billetes de a lempira en una bolsa, en un tiempo en que estos billetes tenían más valor y dice: “Voy a tirar estos cien billetes de lempira para hacer felices a cien hondureños”. Entonces alguien que iba en el avión le dice: “Mejor tírese usted para que haga felices a todos los hondureños”.

***

Van dos hondureños de visita a Rusia y uno de ellos le pregunta al otro :

—Vos maje ¿y cómo vamos a pedir la comida?

El otro le responde: Puesmm, Dejáme eso a mí, ¡ya vas a ver como me entiendo con estos rusos hijos de puta!

Llama al mesero y le dice:

Kieroski arrosky blancosky, konsky, frijolosky negrosky, y pollosky.

Al poco rato, el mesero le trae arroz con frijoles negros y pollo tal y como lo había pedido.

A lo que el otro catracho dice:

¡Puta Vos! ¡paaaaaaapo, pero que fácil es esto!

Entonces el mesero que los oye, les dice:

Tuvieronsky suertosky que yo soy de Sanpedrosky, porke sinosky, iban a komer mierdosky, los dosky!

***

Estaban un alemán, un gringo y un hondureño en el infierno.

El diablo les dio tres tareas:
1) Matar a un león a cachetadas
2) Hacer el amor con una mujer 100 veces
3) Tomarse 10 litros de Yuscarán

El que pasara estas tres pruebas se iba a ir al cielo.

Primero entra el alemán con sus aires de grandeza y dice:

—Vamos, a mi tráiganme a la mujer, y empieza n: 1,2, 3, 4, 10, 30, 43…., y sale gritando:
—¡Ya no puedo más!
—¡AL INFIERNO!, dice el diablo.

Después entra el gringo:
—Bueno, a mi tráiganme al león.
Lo encierran en la jaula, y se oye: grrr, grrr, grrr, grrr, grrr, grrr; después de 1 hora sale:
—¡Ya no puedo más!

—¡AL INFIERNO!, dice el diablo

Y al fin entra el hondureño y dice:
—Estos mulas, empezaron por lo más difícil, a ver, ¿dónde esta el Yuscarán?
Y lo llevan a la bodega y se toma los 10 litros de Yuscarán y sale borrachísimo:
—A ver pisados, tráiganme al león.
Y lo encierran con el león y se oye: grrr, grrr, grrr, grrr, grrr, grrr, ….

Y al cabo de 3 horas se oye: miau, miau, miau, miau, purrrrrr, miau

Poco después sale el hondureño y dice:
—A ver hijos de puta, ¿dónde esta la vieja que hay que matar a cachetadas?

***

—Mamá, mamá ¿los corazones tienen piernas?
—No hijo, ¿por qué?
—Porque anoche papá estaba encerrado en el cuarto con la trabajadora gritando “abrí las piernas, corazón”.

***

Un gringo pasaba por la ciudad de San Pedro Sula cuando de repente vio a un “negro” orinando en la pared entonces el gringo lo graba con su cámara. Luego el gringo pasa el video por toda la red (Internet), los tenían en los celulares y hasta en cadena nacional… Entonces un catracho se enoja y agarra una cámara y se va para los Estados Unidos para ver que hacían los gringos, pero nada todo bien limpito, cuando de repente mira a un “negro” orinando en una pared también y entonces lo sigue grabando hasta que… el negro va volteando la mirada poco a poco hasta que lo ve y grata…!!!
“UN SALUDO PARA MI GENTE DE LA CEIBA”… muy feliz, muy feliz.

Fuente: “Canasta Folklórica Hondureña” de Eduardo Sandoval.