Acepción Liberal del Vocablo “Cachureco”

Por: Jorge Lardé y Larín
(Escritor Salvadoreño)

El partido conservador, servil, retrógrado o reaccionario ha recibido también en Centro América el dictado de “cachureco”.

Interesa, por consiguiente, precisar cuál es su origen y qué significa realmente ese vocablo. Un notable filólogo hibuerense ya fallecido, el doctor Alberto A. Membreño, refiere en su obra intitulada “Hondureñismos”, que, en una biografía inédita sobre el General Francisco Morazán, escrita por el hábil estilista e historiógrafo don Ramón Rosa, aparece consignado lo siguiente:

“El epíteto de cachureco data del año de mil ochocientos treinta y tantos, en que entró el General Rafael Carrera con sus huestes a la ciudad de Guatemala, llevando en lugar de clarín o trompeta un cuerno, entre nosotros cacho; provincialismo del cual hemos derivado la palabra cachureco“.

Dos afirmaciones importantes se hacen en el párrafo arriba transcrito: una de carácter histórico, o sea, que el término en cuestión se incorporó a la terminología política de Centro América en mil ochocientos treinta y tantos; y otra, de carácter lingüístico, o sea, que el vocablo cachureco deriva de cacho o cuerno.

De ser cierta, como lo es, la primera de las dos afirmaciones referidas, preciso es admitir que el vocablo cachureco no comenzó a figurar en el léxico político centroamericano, sino a partir del fatídico año de 1837 —en que aparecieron tal para cual el “cólera morbus” y el “indio de Mataquescuintla”,—si, con toda seguridad, desde abril de 1839,—época en que descendió de las abruptas serranías y se apoderó de la ciudad de Guatemala el hasta entonces obscuro cuidador de piaras Rafael Carrera, con la anuencia de los curas y frailes retrógrados y de las encopetadas familias de los Aycinenas y Pavones, de los Batres y Piñoles.

En cuanto a la segunda de las aseveraciones formuladas y muy a pesar de las doctas opiniones de Rosa y Membreño —la de aquél como historiador veraz e imparcial y la de éste como lingüista competente— sentimos mucho considerarla como totalmente errónea, pues no hay base seria, una mera suposición caprichosa, en qué apoyar la hipótesis de que el vocablo cachureco no es más ni menos que un provincialismo derivado de la voz cacho, que significa “cuerno”.

En efecto, a primera vista, despierta en el lector una natural sospecha la afirmación formulada por el doctor Rosa y aceptada sin análisis ni discusión por el doctor Membreño, ya que supone un agudo espíritu de observación y de retentiva en el afortunado o desdichado liberal que observó al indio Carrera con un “cacho”, el cual tocaba como si fuera un clarín o trompeta durante la ocupación de Guatemala, y una prodigiosa habilidad mental para formar de inmediato el vocablo derivado.

En segundo lugar, Hablistan, curioso escritor azteca de antigüedades, aunque sin pronunciarse categóricamente, manifiesta sus dudas y recelos sobre el origen del vocablo aludido.

“Confieso —dice el autor citado— que me parece muy endeble la supuesta etimología de la palabra cachureco; pero como no nos dejó otra mejor el cachureco Licenciado Batres Jáuregui, me conformo con la que hallo a mano por falta de competencia para dar alguna más atinada”.

Y a continuación agrega: “Sin embargo, hago presente que todavía no hace muchos años se llamaba entre nosotros (es decir, entre los mexicanos, moneda cachureca o cachuca a la de plata que no estaba fabricada en casas destinadas a la acuñación, y que hay un guiso italiano de la costa de Liorna que se llama pesce cacciouco, que se cocina con ajo, pimienta, pimentón y otros ingredientes explosivos”.

De conformidad a las indicaciones de Hablistan tendríamos el siguiente origen y significado del vocablo objeto de este estudio:

CACHURECO o CACHUCA adj. Antiguamente, moneda de plata mexicana que no había sido fabricada en casas destinadas a la acuñación.

Además, en México, según apunta el “Pequeño Larousse Ilustrado”, el adjetivo cachureco es sinónimo de “torcido, deformado”.

Esta última aportación al tema en desarrollo viene a confirmar la referencia de Hablistan, ya que una moneda de plata, que no ha sido fabricada con la técnica requerida en una casa de acuñación, necesariamente tiene que salir deformada o torcida, es decir, cachureca.

En consecuencia, es muy aventurado asignar a la palabra en cuestión un origen centroamericano, pues casi con toda seguridad es de génesis mexicano; así como muy festinado o ingenuo aseverar que el vocablo precitado deriva del provincialismo “cacho”, cuerno.

Con lo dicho, el tema está muy lejos de haberse agotado.

En un anónimo “Remitido” que apareció publicado en el número 36, tomo II, de la “Gaceta Oficial” de la República de El Salvador, correspondiente al 6 de mayo de 1863 (pág 3, cols. 2ā y 3ā), se hace mucha luz sobre el verdadero significado de la palabra cachureco.

He aquí, en la parte pertinente, el texto literal del indicado “Remitido”:

“La facción de la montaña, durante los dos años que duró la guerra, no tuvo más apoyo que el de los malhechores, que acudían atraídos por las rapiñas y latrocinios, ni más adictos que muchos curas y clérigos de Guatemala, que se abanderizan a cuanto puede oponerse a los gobiernos republicanos y liberales. Acaso desde la independencia, no ha habido para los clérigos tiempo más crítico y peligroso; apenas se atrevían a atravesar las calles, se les señalaba como enemigos dela sociedad y se les llamaba cachurecos, nombre que se daba a los malhechores armados, y por extensión a cuanto adolecía de algún vicio o defecto capital; así se llamaba cachureca la moneda falsa, y si una mujer era fea, era también cachureca“.

Y en esta interpretación se encuentra el por qué los liberales centroamericanos, con el General Francisco Morazán como pontífice, endosaban tal adjetivo a los miembros del partido servil.

Querían significar con este que los reaccionarios eran “personas falsas” o “malhechores armados” que conspiraban contra la República y la Democracia, falsas ni más ni menos que como las falsas monedas de plata fabricadas fuera de las casas legítimamente destinadas a la acuñación.

Sin duda alguna, los liberales o fiebres, que más tarde recibieron el dictado de coquimbos, no pudieron localizar epíteto más apropiado para diferenciarse de sus compatriotas del partido servil, a los cuales comenzaron a llamar “cachurecos” hacia 1838.

Dicho epíteto, surgido al calor de encendidas pasiones y estériles querellas disociadoras, tiene un fuerte sabor a menosprecio. Es, en efecto, altamente despectivo; de ahí que en el tiempo que se interpoló en el glosario político centroamericano vino a constituir un insulto, una injuria.

Con los años, sin embargo, los conservadores fueron acostumbrándose a su nueva denominación y aun hoy día, en El Salvador, se adjudica ese epíteto a los herederos espirituales del marqués de Aycinena y del arzobispo Casaus y Torres, a quienes se les asigna también con los dictados de “curero” o “clericalista”.

Y tan se acostumbraron a su nuevo mote, que refiérese que el licenciado don Vicente Ariza Padilla, hábil político hondureño y notable Abogado de Tegucigalpa, acostumbraba repetir, ora en el seno de la charla familiar, ora en la amena tertulia provocada en el círculo de sus amigos, que solamente aspiraba a que, sobre su sepultura, se colocara una lápida mortuoria con esta sencilla y lacónica leyenda:

AQUÍ YACE UN CACHURECO.

Un pensamiento en “Acepción Liberal del Vocablo “Cachureco”

  1. ANGEL RODRIGUEZ RODRIGUEZ

    CON LO QUE PASÓ EN LA ELECCIÓN PASADA, CLARIFICA QUE JOH ES Y SERÁ UN GOBIERNO PANDO..

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