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La UD despedazada

César Ham, el candidato presidencial de la UD, arenga a sus correligionarios en marzo del 2,009. Al fondo se observa todavía la foto de Doris Gutiérrez, que luego se retiró del partido luego del escándalo de las dispensas.

Foto: El Heraldo

Por: Marvin Ponce Sorto *

La UD recoge hoy en pedazos lo que ellos mismos fraguaron: su autodestrucción; su oportunismo, su inconsecuencia en la vivencia de los principios que le dieron vida, su corrupción interna y su distanciamiento de la población que le dio vida le dan el golpe de gracia al que fuera una vez la más reciente esperanza de jalonar cambios en la nación hondureña.

La Unificación Democrática fue fundada en 1991, su declaración ideológica es de izquierda de amplio espectro. Nació de la fusión de los partidos izquierdistas clandestinos: Partido para la Transformación de Honduras, Partido Revolucionario Hondureño, Partido Morazanista de Liberación Nacional, Partido Renovación Democrática, antiguo Partido Comunista de Honduras.

Nace bajo decreto No. 189-93, el lema del partido es “UD marca la diferencia”, y sus pilares son ética, democracia, criticismo, propuesta y lucha. Se suponía se caracterizaba por los colores rojo y amarillo que simbolizan la sangre de los mártires y el nuevo amanecer, respectivamente.

Todos esos ideales, uno a uno fueron pisoteados por sus dirigentes quienes repitieron en pequeño lo que los partidos tradicionales hacen en grande, crearon camarillas antidemocráticas, se adueñaron del partido cual hacienda privada, apostaron por la mentira, la deslealtad y así cavaron su propia tumba.

Uno de sus recientes pero grabe [sic] error es que se prendieron de las faldas de Zelaya y Patricia Rodas y perdieron toda su autonomía e identidad, eso resultaba vergonzoso e insultante para todos los que un día creímos que por la UD vendrían los cambios al país; después de manera oportunista se clavaron en la “Resistencia” para luego quitarse la careta y demostrar que sólo andaban detrás de los votos de los incautos al negarse a retirarse del proceso electoral.

Por decenas y en desbandada sus reservas éticas fueron saliendo de ese barco ignominioso, lo hizo primero el digno Matías Fúnez, le siguió la aguerrida Doris Gutiérrez y creo que también el siempre honroso Juan Almendares Bonilla y hoy se anuncia por los cuatro puntos cardinales la renuncia de decenas de sus líderes en los cargos de elección popular.

Desde el candidato a alcalde de San Pedro Sula hasta decenas de candidatos a diputados y regidores en todo lo ancho del territorio han tirado la renuncia en las extremidades de Hans [Ham] en solemne actitud, de como diría Leonardo Boff iracundia sagrada o indignación ética, por la improcedencia moral de ese instituto político.

Lástima que la UD nunca dio el salto para convertirse en una sociedad popular, nunca trabajó sus bases en la ética y la concienciación, no dejó de ser más que una pobre sucursal de empleos, nunca tuvo voluntad de renovarse, de ejercer democracia interna y así desdibujó su bello ideario en el que tantos soñadores creímos.

La UD se transformó de un partido popular en una cúpula de notables, de corte electorero, con una característica de corte patronal en donde lo que importan son sus cabezas y sus privilegios como la deshonrosa venta de las dispensas vehiculares, sectarios, con anomia doctrinal, pinché [sic] agencia de empleos que en nada se diferenció al final de los dos partidos mayoritarios.

Ahora que han quedado en envidencia que se alisten para recibir el repudio de los que en algún momento les vieron con simpatía; ellos serán los grandes perdedores de este proceso pues los tradicionales tienen su voto duro que les respalde, pero el pueblo no es tonto y no perdonará, la UD que se aliste para recoger el 30 de noviembre el cadáver político que ellos, su dirigencia asesinaron.

*Asesor de la Pastoral Juvenil en Honduras
Tomado de “La Tribuna”, del sábado 28 de noviembre del 2,009.

Los argumentos de Carlos H. Reyes

Carlos H. Reyes
Foto: El Heraldo

El líder sindical Carlos H. Reyes era el primer candidato independiente a la presidencia de la República, sin embargo no supo aprovechar esa oportunidad que se le dió. Carlos H. Reyes ha renunciado. Su candidatura, que ponía en precario su “independencia” al apoyar a Zelaya, estaba destinada al fracaso desde el principio.

Manuel Zelaya no lo dijo abiertamente, pero era fácil adivinar sus intenciones continuistas con el proyecto de la “cuarta urna”, que buscaba instalar una Asamblea Nacional Constituyente con el propósito de cambiar la forma de gobierno del país. Carlos H. Reyes apoyó el ilegal proyecto de la cuarta urna, que de haber tenido éxito hubiera permitido la reelección de indefinida de Zelaya por medios fraudulentos. No tendría sentido proponer una candidatura a la presidencia en tales condiciones.

Ahora que Zelaya fue destituido por el Congreso, Carlos H. Reyes dice que no participará en las elecciones, alegando que por el golpe de Estado éstas no son válidas, y que es necesario retornar al orden constitucional restituyendo a Zelaya a la presidencia.

Ayer, en declaraciones a HRN, Carlos H. Reyes declaró que apoyar las elecciones es apoyar el golpe de Estado, y que nadie de la “resistencia” contra este golpe de Estado va a votar o a apoyar las elecciones, por que apoyar las elecciones es apoyar el golpe de Estado.

Sin embargo, ayer mismo, el Partido Unificación Democrática, partido de izquierda que ha venido apoyando a Zelaya, anunció que participará en las elecciones.

Los argumentos de Carlos H. Reyes no convencen.

Se ha repetido hasta la saciedad que el proceso electoral es independiente de la figura del presidente de la República, y que es administrado en forma autónoma por el Tribunal Supremo Electoral. Que Zelaya habría sido automáticamente inhabilitado en su cargo antes de ser llevado a Costa Rica el 28 de junio pasado, en virtud del artículo 239 de la Constitución, que establece que cualquier funcionario público cesa inmediatamente en su cargo con el solo hecho de proponer la reelección presidencial. Y que en virtud del artículo 242, Roberto Micheletti debía sustituirlo, por ser el presidente del Congreso en ese entonces.

Que Zelaya perdió su cargo por haber propuesto la reelección queda claramente establecido por lo que dijo en este video que sigue en Youtube, en el que menciona la posibilidad de que Rafael Leonardo Callejas pueda volver a aspirar a la presidencia, tratando de apartar la atención sobre sus intenciones continuistas:

No hubo pues, golpe de Estado, siendo la sustitución de Zelaya legal. Además, en un clásico golpe de Estado, como el que se dio en contra del presidente Ramón Villeda Morales en 1963, se disuelven todos los poderes del Estado, y una Junta de Gobierno o Jefe de Estado gobierna por medio de decretos-leyes.

La sustitución del presidente Zelaya en Honduras no tiene precedentes, por eso es incorrecto etiquetarlo de “golpe de Estado”. A diferencia de lo que sucedió en los clásicos golpes de Estado, en Honduras funcionan con legitimidad que está fuera de toda duda el Congreso, la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Supremo Electoral.

Pero aun suponiendo que se hubiera dado un rompimiento constitucional el 28 de junio, la postura de Carlos H. Reyes resulta siempre contradictoria. Dice Carlos H. Reyes que no participará en las elecciones por que son ilegales, por darse dentro de un contexto de golpe de Estado, pero no tuvo problema alguno en respaldar las ilegales elecciones disfrazadas de encuestas de la cuarta urna. Dice que es necesario el retorno al orden constitucional, cuando ese orden constitucional es contrario a la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que él promueve. No se entiende para qué insiste en el retorno al orden constitucional, si su objetivo es destruirlo en el plazo más corto posible… a menos… a menos que esa insistencia no se base en el respeto a la ley, sino más bien en el oportunismo político.

Carlos H. Reyes insiste que después de un golpe de Estado siempre es necesario crear una nueva Constitución, pero no explica por qué. La constitución de 1957 podría haber sido restaurada después del golpe de Estado de 1963, al menos en teoría. Ello no ocurrió así por que esa constitución era incompatible con el régimen militar que le puso término. Aun suponiendo que se hubiera dado un golpe de Estado, una Constituyente no es un evento inevitable ni necesario.

Carlos H. Reyes perdió su estatus de “independiente” por depender en su candidatura de la suerte de Manuel Zelaya y del chavismo hondureño. Carlos H. Reyes puede ser bueno en su trabajo como agitador, pero como político “no le entiende al trámite”. No es extraño que él se oponga a las elecciones, por que la inestabilidad política de un régimen —ahora sí— de facto, le proporcionaría un ambiente propicio para realizar su trabajo de aprovechar el desorden.

El grupo de “resistencia” del que forma parte Carlos H. Reyes no es tal. Resistencia sería un grupo de ciudadanos que combatieran contra una invasión extranjera, como sucedió en la Francia invadida por los fascistas. Pero estos grupos subversivos lo que buscan es imponer el molde castro-chavista en Honduras, por la vía de la violencia y el terrorismo si es necesario, por lo que se constituyen en malos hondureños. La verdadera Resistencia somos nosotros, los que estamos del lado de la libertad y la alternabilidad en el poder, y que aguantamos las embestidas de estos grupos subversivos.

El fracaso de Óscar Arias como mediador

El señor Óscar Arias tiene un Premio Nóbel de la Paz en su haber, por sus gestiones diplomáticas para resolver los conflictos armados en Centroamérica, durante la guerra fría de los años ochentas.

Sin embargo, ante la crisis interna de Honduras demostró una incapacidad que demuestra que no se merecía el Premio Nóbel.

Desde el primer día en que se expulsó a Zelaya de Honduras hacia Costa Rica, Arias demostró una parcialidad hacia el derrocado presidente que nunca abandonó.

En vez de ser facilitador del diálogo entre las partes, Arias se convirtió en un estorbo, ya que presentó en forma unilateral su propia propuesta, a la que llamó “Acuerdo de San José”, siendo que todavía no se había llegado a un acuerdo. Pero él pensaba que él sabía más que las partes mismas lo que a ellas les convenía, y ante su falta de ideas, pensó que lo único que faltaba era presionar al “gobierno de facto” con amenazas de más aislamiento para que firmara su “acuerdo”.

Nunca trató de aproximar a las partes, probando diferentes propuestas. Su papel de mediador quedó desvirtuado, pues el papel de mediador no es decidir por las partes, sino tratar de aproximar las posiciones de las partes hacia un punto de convergencia.

Al regresar Manuel Zelaya a Honduras, y refugiarse en la embajada de Brasil en Tegucigalpa, el diálogo avanzó rápidamente, ya sin el estorbo de Arias.

Como vio que llevaba las de perder, Arias se descalificó a sí mismo al decir en una entrevista que la Constitución política de Honduras era un “adefesio jurídico”, y que era la peor sobre la faz de la tierra. Este tipo de expresiones resulta algo inaudito para un mediador. Un verdadero mediador no trata de ofender a una de las partes.

Algo que demuestra en forma palpable el fracaso de Arias es el asunto de la amnistía. Las dos partes en el diálogo Guaymuras no tuvieron problemas en descartar rápidamente el asunto de la amnistía. Al mantener en su “acuerdo” el tema de la amnistía, Arias pretendía imponer algo que las dos partes rechazaban, alejándolas así aun más de un acuerdo.

Creo que sin la desvirtuada mediación de Arias este conflicto se hubiera resuelto más rápidamente.

No se puede, en justicia, llamar al acuerdo logrado en Tegucigalpa gracias al empujoncito de Thomas Shannon “Acuerdo de Tegucigalpa – San José”. Quitémosle lo de San José, este es un acuerdo netamente hondureño.

Arturo Corrales es un "gallo"

Arturo Corrales Álvarez
Foto: Noticiero DC

“Sos un gallo”, le decimos en Honduras a una persona inteligente y brillante. Así es Arturo Corrales Álvarez, que ha sido parte importante de la comisión negociadora del presidente Roberto Micheletti en la mesa de diálogo con el ex-presidente Manuel Zelaya.

Durante las Jornadas del diálogo de San José, con el señor presidente Óscar Arias de Costa Rica, él siempre pudo destacar lo positivo, aun cuando otros solo miraban obstáculos.

“Me gusta ver las cosas en términos de soluciones, en vez de problemas”, dijo una vez refiriéndose al contenido del “Acuerdo de San José”, es decir, la propuesta del señor Arias, que exigía la restitución del señor Zelaya.

Arturo Corrales pudo ver muchas cosas positivas en ese documento, a pesar de la imposición que pretendía hacer el señor Arias. Él pudo ver que en la propuesta de Arias se aceptaba implícitamente la legitimidad de los otros dos poderes del Estado hondureño: el Poder Legislativo y el Poder Judicial; y que se aceptaba que un delito al promover la Constituyente, por que de otra manera no tendría sentido pedir amnistía, por eso exclamó jubiloso: “¡El diálogo ha triunfado!”, cuando el triunfo no era tan aparente.

Estas concesiones de Arias validaban la posición de Micheletti, de que no se había dado en Honduras un golpe de Estado militar, en medio de un diluvio de desinformación de los medios de comunicación internacionales que indicaban lo contrario.

Mientras muchos hondureños desconfiábamos de ese diálogo, debido a las constantes mentiras de Zelaya, Arturo Corrales nunca perdió la fe que se alcanzaría una solución.

No cabe duda de que Arturo Corrales tuvo un papel importante en lograr al fin el acuerdo con la comisión de Zelaya, por su creatividad para proponer soluciones y alternativas.

Arturo Corrales es para mí un caso ejemplar de que se puede ser optimista en situaciones difíciles sin con ello pecar de ingenuo.

Decreto de destitución de Manuel Zelaya debe ser derogado

“El Congreso debe decidir no decidir sobre la restitución de Zelaya”

Según el informe de la Biblioteca Legal del Congreso de los Estados Unidos, la destitución de Manuel Zelaya de la presidencia de la República fue legal. La tesis de Norma C. Gutiérrez, la especialista en Leyes Extranjeras autora del informe, es que aunque el Congreso hondureño no tiene la atribución explícita de destituir a un presidente, éste si tiene la facultad de interpretar la Constitución; y el Congreso al destituir a Zelaya habría interpretado implícitamente que la facultad de “improbar” la administración del Poder Ejecutivo -facultad que sí le da la Constitución- incluye la facultad de destituir a un presidente.

Sin embargo, la falla en la tesis de Gutiérrez es que el artículo de la Constitución que faculta al Congreso a interpretar la misma establece que esta interpretación se debe hacer en forma explícita, y en sesiones ordinarias del Congreso. Pero la sesión del Congreso en que se destituyó a Zelaya fue claramente extraordinaria, en el domingo 28 de junio pasado.

Esto significa que el decreto de destitución que emitió el Congreso fue ilegal.

Ahora que en el Acuerdo Guaymuras se establece que es el Congreso el que debe decidir sobre la restitución o no restitución de Zelaya a la presidencia, el Congreso tiene la oportunidad de derogar ese decreto ilegal.

Sin embargo, esto no significa que Zelaya deba ser restituido al poder. La tesis del gobierno de Micheletti es que Zelaya ya no era presidente cuando fue expulsado a Costa Rica, en virtud del artículo 239 de la Constitución de la República, que hace cesar inmediatamente en su cargo al funcionario que proponga la reelección presidencial. Si esto es correcto, la destitución de Zelaya no fue obra del Congreso, sino de la misma Constitución. Por lo tanto, Zelaya no puede ser restituido por el Congreso. El artículo 239 establece que el que incurre en el delito político de proponer la reelección queda inhabilitado para ejercer cualquier cargo público en un período de diez años.

Sin embargo, Zelaya puede alegar que él nunca ha violado el artículo 239, que él nunca ha propuesto la reelección presidencial. En este caso, es la Corte Suprema de Justicia la que debe pronunciarse sobre el asunto. Por lo tanto, el Congreso debe decidir no decidir sobre el asunto de la restitución de Zelaya. Debe remitirle a la Corte Suprema de Justicia esa responsabilidad.

El problema es que es dudoso que el Congreso derogue el artículo que destituyó a Zelaya con base en la argumentación que presento, ya que estaría admitiendo que se cometió un delito de usurpación de funciones.

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Sorpresivo acuerdo entre Micheletti y Zelaya

El regreso de Manuel Zelaya al país, el 21 de septiembre pasado, posibilitó que se reiniciara el diálogo que se había entorpecido bajo la dirección de Óscar Arias, presidente de Costa Rica y mediador con el respaldo del Departamento de Estado de Estados Unidos, y la OEA.

Manuel Zelaya ha permanecido este tiempo refugiado en la embajada de Brasil en Tegucigalpa, por temor a ser capturado sobre la policía, ya que sobre él penden 18 órdenes de captura.

En el diálogo Guaymuras -que así se le llamó a estas jornadas intensivas de diálogo- tomó como base el documento conocido como “Acuerdo de San José”, presentado por Arias. Se fue discutiendo punto por punto los apartados de este documento, descartando algunas partes, modificando otras. Un punto importante que se descartó fue la amnistía para ambas partes.

Pero el punto donde se estancó el diálogo fue en el asunto de la restitución de Manuel Zelaya a la presidencia de la República.

Ambas partes, Manuel Zelaya y Roberto Micheletti, aparecían con posiciones diametralmente opuestas, aparentemente imposibles de conciliar en un diálogo, pero la creatividad de la comisión de Micheletti fue lentamente abriendo camino para que se pudiera lograr un acuerdo.

Casi al final se decidió que una institución del Estado decidiera sobre la restitución de Zelaya. La comisión de Micheletti sugería que fuera la Corte Suprema de Justicia, pero la comisión de Zelaya insistía en que debía ser el Congreso Nacional.

Se habló también de la posibilidad de una tercería, es decir, que una persona diferente a Micheletti y Zelaya asumiera la presidencia, de acuerdo al proceso de sustitución del artículo 242 de la Constitución política de Honduras. Manuel Zelaya descartó de plano esa posibilidad, dijo que eso equivaldría a un “segundo golpe de Estado”.

Zelaya dio por fracasado el diálogo el viernes 23 de Octubre, y dijo que éste se reanudaría solamente cuando el “gobierno de facto” mostrara una clara voluntad de restituirlo en la presidencia.

Fue la delegación de alto nivel del Departamento de Estado de Estados Unidos, encabezada por Thomas Shannon, el cual es secretario adjunto para asuntos del Hemisferio Occidental, la que logró que las partes volvieran a sentarse a la mesa del diálogo. Esta comisión vino a Honduras el martes 27 de Octubre.

En la noche del jueves 29 de Octubre, Thomas Shannon anunció que las partes acababan de firmar un acuerdo.

La solución de compromiso en el asunto de la restitución de Zelaya fue que se consultaría al Congreso sobre el tema, con una previa consulta de éste a la Corte Suprema de Justicia.

Las partes se comprometen a respetar y a cumplir la decisión que tome el Congreso. Manuel Zelaya se compromete a apoyar las elecciones que se realizarán el 29 de Noviembre, y a renunciar a su proyecto de impulsar una Asamblea Nacional Constituyente con el propósito de crear una nueva Constitución política para Honduras. Esto deberá hacerlo aún en el caso en que el Congreso decida en forma contraria a sus aspiraciones de ser restituido en la presidencia.

En vista de este acuerdo, Estados Unidos, la OEA y la Unión Europea rápidamente se comprometieron a apoyar las próximas elecciones desde ya.

¿Será restituido Zelaya?

Es la pregunta que flota en el ambiente.

Manuel Zelaya está muy optimista en que el Congreso decidirá en su favor, no obstante que fue esta institución del Estado la que lo destituyó el 28 de junio, y que juramentó a Roberto Micheletti como nuevo presidente constitucional de la República. La configuración de las fuerzas políticas no genera muchas expectativas de confirmar las esperanzas del ex-mandatario.

Tampoco se espera que la Corte Suprema de Justicia cambie de opinión al respecto. Y en el peor de los casos (o en el mejor, depende como se mire) una restitución de Zelaya por el Congreso probaría ser inefectiva si la Corte Suprema de Justicia no suspende las órdenes de captura que penden sobre el ex-mandatario, el cual ha descartado el tema de la amnistía.

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De nuevo Mel Zelaya

Sobre el informe de la Biblioteca Legal del Congreso de EEUU sobre la destitución de Zelaya

El informe de la Biblioteca Legal del Congreso de Estados Unidos sobre el asunto de la destitución del presidente hondureño Manuel Zelaya, preparado por Norma C. Gutiérrez, especialista en Leyes Extranjeras, admite que “la Corte Suprema de Justicia tiene la facultad de conducir procedimientos judiciales en contra del Presidente” (es decir, que en Honduras no hay juicio político), y que las cortes hondureñas pueden requerir la colaboración de las Fuerzas Armadas para llevar a cabo órdenes de arresto. (Art. 306 de la Constitución).

(Leer el informe en inglés y español.)

El 28 de junio el Congreso destituyó al presidente de la República. El Congreso justificó esta decisión con el artículo 205 sección 20, que da al Congreso la facultad de aprobar o improbar la conducta admnistrativa del Poder Ejecutivo. Este artículo no contempla explícitamente la posibilidad de que el Congreso pueda destituir un presidente.

Según Norma Gutiérrez, el Congreso habría interpretado tácitamente que la palabra “improbar” también incluía la posibilidad de destituir al presidente.

El Congreso tiene la facultad de interpretar la Constitución, según el artículo 205, sección 10, de la misma Constitución. Gutiérrez considera que al destituir al Presidente Zelaya, el Congreso habría hecho uso implícito de esa facultad.

El único delito que se cometió fue expulsar al señor Zelaya del país, ya que la Constitución prohibe que un hondureño sea expatriado.

Este análisis jurídico difiere de la posición oficial del gobierno de Micheletti, que pone énfasis en el artículo 239 de la Constitución como justificación de la destitución de Zelaya. Este artículo prohibe la reelección presidencial, y castiga con el cese inmediato en su cargo del funcionario que intente reformarlo.

Con base en esta interpretación se dice que Zelaya ya no era presidente cuando fue capturado por los militares y enviado a Costa Rica. El Congreso solo habría formalizado esa destitución automática de Zelaya.

Zelaya dijo públicamente por lo menos una vez que otros funcionarios del Estado podrían servir en varios períodos, y que el asunto de la reelección presidencial sería tema de la próxima asamblea nacional constituyente.

El problema con la interpretación de Gutiérrez es que el Congreso no siguió el procedimiento formal para interpretar la Constitución al destituir a Zelaya. Este procedimiento requería hacerse en una sesión ordinaria del Congreso, lo que no fue el caso cuando se destituyó a Zelaya. La sesión del 28 de junio no fue ordinaria, sino extraordinaria. La Constitución deja claro que ningún funcionario público tiene más atribuciones que aquellas que le confiere la ley.

De nuevo Mel Zelaya

Este es un resumen de algunos de los acontecimientos en Honduras desde el regreso de Manuel Zelaya al país hasta el día de hoy.

Mel Zelaya apareció el pasado lunes 21 de septiembre en Tegucigalpa, después de haber permanecido fuera del país por tres meses, al haber sido derrocado legalmente el 28 de junio.

En medio de una confusión inicial, en la que el gobierno de Micheletti negó en un principio su presencia, Zelaya apareció en la sede diplomática de Brasil en Tegucigalpa, después de que se dijo de que estaba en el edificio de las Naciones Unidas en la misma ciudad.

Las primeras declaraciones de Zelaya fueron las de un llamado al diálogo, sin embargo no pasó mucho tiempo antes de que gritara la consigna de “Patria, restitución, o muerte”, lo que constituye un claro llamado hacia la insurrección y la violencia.

Zelaya continúa atrapado en la sede diplomática de Brasil, en medio de un cerco de policías y militares, pero su presencia en el país ha envalentonado a sus seguidores para arreciar sus acciones violentas y delictivas.

Alrededor de mil personas permanecieron la noche del lunes 21 frente al inmueble diplomático, los que fueron desalojados por la fuerza a tempranas horas del martes 22 por las fuerzas del orden, luego de las acciones vandálicas en las que fueron destrozados los vidrios de los vehículos estacionados en las inmediaciones, y hasta de asaltos a los vecinos de la localidad de la embajada, que se encuentra en la colonia Palmira de Tegucigalpa.

Se dice que Zelaya esperaba la venida de medio millón de personas para recibirlo, que lo condujeran en una marcha triunfal hacia la Casa de Gobierno a reinstalarlo en el poder. Sin embargo, la asistencia fue muy pobre. Zelaya no tiene la popularidad que él cree tener.

Zelaya ha caído en una trampa, en una ratonera diplomática, en medio del hacinamiento producido por sus seguidores, que poco a poco han ido desalojando la embajada, que de llegó a tener 300 personas seguidoras de Zelaya, y que ahora alberga alrededor de 40 zelayistas, incluyendo a la esposa de éste, Xiomara Castro.

Por esta razón, el vocero alterno de Estados Unidos en la OEA considerá que la acción de Zelaya de volver al país sin un acuerdo político previo es “irresponsable y estúpida”.

Manuel Zelaya, después de haber disfrutado de habitaciones de lujo pagadas con dineros del pueblo venezolano (Hugo Chávez ha patrocinado sus viajes por todo América, buscando aplicar sanciones más fuertes contra Honduras para forzar su restitución) ahora se encuentra en una situación precaria.

La violencia producido por sus seguidores llegó a los barrios de la capital el martes 22 con el saqueo de supermercados y tiendas de electrodomésticos en horas de la noche de ese mismo día.

El Consejo de Seguridad de la ONU ha pedido que se respete la sede diplomática de Brasil, y que “cese el acoso” de las fuerzas públicas hondureñas, ignorando en todo momento que es Honduras la víctima de la agresión del gobierno de Brasil, que ha permitido que su inmboliario diplomático sirva de centro de agitación política. El gobierno de Brasil todavía no ha definido el estatus legal de Zelaya, éste permanece como un huesped de la sede diplomática, y no tiene la condición de asilado.

Si la fuerza pública hondureña irrumpiera en la sede diplomática para capturar a Zelaya, esto sería perfectamente legal, ya que el recinto diplomático no tiene para Honduras la categoría de una embajada, ya que actualmente no existen relaciones diplomáticas con ese gobierno. Sin embargo, esto tendría seguramente graves consecuencias para Honduras, ya que el gobierno actual es ampliamente ignorado por los presidentes del mundo. No queremos dar ninguna excusa para que nuestro suelo patrio sea invadido.

La presencia de Zelaya en Honduras es más que una incomodidad con sus constantes llamados a la insurrección y a la violencia. Las pérdidas por los toques de queda a nivel nacional son millonarias. El vandalismo y la subversión contra el gobierno aumentó con la venida de Zelaya. Lo más conveniente hubiera sido capturar a Zelaya para someterlo a juicio, lo que podría servir de alguna manera para lavar el nombre de nuestro país, ya que se acusa al presente gobierno de haber cometido un golpe de Estado al haber expulsado del país a Zelaya, sin antes haberlo sometido a un proceso legal completo.

La noche del jueves 24, los cuatro candidatos presidenciales que se comprometieron con el presidente tico Óscar Arias de impulsar el diálogo entre el gobierno interino y Zelaya en el marco de las conversaciones de San José, se reunieron con Zelaya en las instalaciones de la embajada brasileña en Honduras. Las conversaciones se dieron en un clima de cordialidad, y aparecieron fotografías de Zelaya abrazándose con cada uno de los candidatos presidenciales. Se pensó que esto significaba una disminución de la tensión y de una pronta solución al conflicto, ya que Zelaya ha acusado a estos candidatos de ser “golpistas”. Sin embargo, esta ilusión duró poco, ya que Zelaya continúo haciendo llamados a sus seguidores para “continuar la batalla” contra el gobierno interino.

Lo países de la OEA y la Unión Europea anunciaron que harían retornar a sus embajadores, que después del cambio de gobierno fueron llamados “a consultas” a sus respectivos países, y esto con el fin de presionar por la restitución de Zelaya. Sin embargo, el gobierno anunció que para admitir el retorno del personal diplomático primero deben normalizarse las relaciones con el gobierno actual. Con esto se frustan los planes de Zelaya de crear un “gobierno paralelo” con la ayuda de la “comunidad internacional”.

Para este efecto, también se ha dicho que el Fondo Monetario Internacional asignaría una millonaria cantidad de dólares a ex-funcionarios del gabinete económico de Zelaya, con el fin de apoyar la política monetaria del país. Sin embargo, al no tener Zelaya acceso al Banco Central, no se sabe como haría Zelaya uso de estos recursos.

El gobierno se dio a respetar el domingo 27, cuando una comisión técnica de la OEA de cinco personas vino al país sin haber solicitado el permiso correspondiente. Cuatro de estas cinco personas tuvieron que salir del país sin haber conseguido su objetivo.

El vocero alterno de Estados Unidos ante la ONU, Lewis Anselem, dijo que esta acción del “gobierno de facto” era un insulto a la comunidad internacional. Sin embargo, no toma en cuenta que etiquetar al gobierno de Micheletti como “de facto” es un insulto contra la mayoría del pueblo hondureño, que entiende que la sucesión presidencial se hizo de acuerdo a la Constitución hondureña.

Estados Unidos también ha insultado a nuestro país al quitarle la visa a magistrados de la Corte Suprema de Justicia, por haber procedido de acuerdo a las leyes del país en el caso del señor Zelaya. Como ha insultado a varios empresarios hondureños, al quitarles la visa por sus opiniones políticas.

Sin embargo, como somos un país pequeño, se espera que renunciemos a nuestra dignidad y nos traguemos nuestro orgullo.

El mismo domingo 22, se anunció en cadena nacional de la existencia de un decreto del Poder Ejecutivo que restringe algunas garantías constitucionales que tienen que ver con la libertad personal, la libertad de asociación, la libertad de locomoción y la libertad de expresión. Esto se hizo ante los llamados de Zelaya a sus seguidores para hacer la batalla para una “ofensiva final” contra el régimen de Micheletti.

Se razónó que era preferible tomar estas medidas que someter a la población a largos toques de queda, como el que se adoptó el lunes 21 cuando se supo de la presencia de Zelaya en el país.

Sin embargo, la medida ha tenido una fuerte oposición en el Congreso, y en la comunidad internacional, aunque goza de una fuerte aceptación popular. El decreto de estado de sitio continúa vigente, y desde el lunes 28 fueron sacados del aire la radioemisora “Radio Globo” y el canal 36, también conocido como “Cholusat Sur”. Estos medios se dedicaban a la desinformación y a la agitación política.

Ante las presiones adversas, el presidente Micheletti ha dado marcha atrás y planea derogar el controversial decreto de estado de sitio en los próximos días.

Mientras tanto, el embajador de Estados Unidos en Honduras, el señor Hugo Llorens, ha estado cabildeando con políticos y empresarios por la restitución de Mel Zelaya al poder, pero el gobierno de Micheletti continúa firme en la defensa de la libertad y la Constitución. Las medidas del estado de sitio han sido para preservar la libertad y la Constitución, no para anularlas. La figura del estado de sitio es reconocida y regulada en la Constitución hondureña en el artículo 187 de ésta, y en la constitución de otros países, y también en convenios internacionales.

Hoy finaliza el mes de septiembre, y todavía no se vislumbra una solución al conflicto.

Mel Zelaya de nuevo en Honduras

El depuesto presidente Manuel Zelaya regresó hoy al territorio nacional y se encuentra hoy en la embajada de Brasil. Así lo ha confirmado el vocero del Departamento de Estado, Ian Kelly.

La Tribuna informa que Zelaya salió al balcón de la embajada brasileña a saludar a sus seguidores.

José Miguel Insulsa, el secretario de la OEA, hace un llamado a la calma tras el regreso de Zelaya a Honduras.

Más temprano en la mañana, el presidente Micheletti salió a negar los rumores de que el presidente Zelaya había retornado al país, y de que lo hubieran secuestrado a él. Sin embargo, parece ser que Zelaya está realmente en el país.

La OEA ya convocó de urgencia a una sesión extraordinaria tras el regreso de Zelaya.

Zelaya se expone a ser capturado por la policía si sale de la embajada de Brasil en Tegucigalpa. A pesar de eso, dice que planea asistir mañana a una sesión de Naciones Unidas.