Aníbal Delgado Fiallos

Aníbal Delgado Fiallos

Economista. Nació en Siguatepeque (1936). Durante sus años estudiantiles fue uno de los fundadores del frente de Reforma Universitaria. Catedrático universitario fundador del Frente Patriótico Hondureño. Pre-candidato presidencial por el Partido Liberal en las eleccciones de 1996. Obra: Honduras, elecciones 85 (1986); Lecturas de política (1993); Rosa: el político (1994). Rojo y blanco (1996).

Tomado del “Diccionario de Escritores Hondureños”. Por Mario R. Argueta.

Ver también: Entrevista de diario La Tribuna.

El Tamarindo del Colegio

Por: Medardo Mejía

I

Después de larga ausencia en que el recuerdo
como un martillo me golpeaba a diario
invitando al retorno presuroso,
he vuelto a las colinas matinales.
Ah, dulce adolescencia, veo a Manuel
con su libro de siempre, a Federico
en brioso potro. Cuando llego al parque
se reaparecen mis lunarias novias.
Y sin tardar, con instintivo impulso
visito al tamarindo del Colegio.

Está lo mismo…
Poco a poco ha cambiado en su conjunto prócer:
tronco rugoso, de sombrío follaje,
lleno de flores, próximo a dar frutos,
para ofrecer regalos agridulces
a la traviesa muchachada de hoy.

Este es el árbol
que aquella juventud a fin de siglo
quiso tomar de punto de partida
espiritual en prestigiadas rutas,
y que partió en tropa bullanguera
a lides de fracaso y de victoria.

Este es el tamarindo
que fue amigo del grupo escandaloso
de mi generación; que daba vivas
al general Sandino; daba mueras
a los marinos yanquis, y aclamaba
el reto de Darío en la Oda a Roosevelt.

Guardo silencio
un zodiacal minuto…
Y de pronto, maestro esclarecido
me invita al verso, al lírico saludo
de escogidas imágenes nativas,
sin darse cuenta que en mi sangre hierve
un delirio de estrofas caudalosas.

II

Es viejo el tamarindo del Colegio;
por viejo sabe más que los archivos.
Pero nadie le arranca el testimonio
de antañonas tragedias regionales:
incestos, adulterios, homicidios
por herencias de tierras y ganados…
Y a quien le hace preguntas atrevidas,
recurre al viento para replicarle
con las voces de un himno que se encumbra
a la luz del cenit, alma del día.

A nadie ha dicho
que vio pasar al blanco Misionero
anunciando un horrible Apocalipsis,
el hambre en las aldeas, y la guerra
de casa a casa, y la implacable peste
en las comarcas, y por fin, la Muerte.

A nadie cuenta
que en la guerra social contra los diezmos
y las primicias del 65,
en medio del horror de la ahorcancina,
colgaron de sus ramas con “bejucos
de corral” numerosos campesinos.

Menos revela
que vio un día pasar a Cinchonero
en una yegua negra, asustadiza;
al bandido en las gacetas oficiales;
al héroe en la leyenda de los llanos
narrada siempre en torno a las fogatas.

Nadie le arranca
la extraña relación de aquel hidalgo
que pidió esposa, resultó su hermana;
desesperado descendió a los vicios;
penitente fue a Roma y de regreso
alcanzó jerarquías obispales.

Mejor que sea así…
Que viva el tamarindo del Colegio
en el silencio oscuro del Asvata,
árbol cósmico de la India fabulosa,
alimentado de limos del abismo
y florecido de astros infinitos.

III

Quienes fuimos y seguiremos siendo
afirmativos en escuadrón de Ilíada
con el auxilio de este tamarindo,
sabio como Quirón, aquí aprendimos
a amar el cosmos, la vida multilátera,
la sociedad pugnante, el pensamiento
seleccionado, el ideal contemporáneo,
la acción creadora. Aquí nos inspiramos,
después nos despedimos entusiastas
para seguir sembrando el optimismo.

¿A qué buscar sistemas filosóficos
en los confines, en vuelos atrevidos,
tocando ínsulas, buscando continentes
donde hay sabios como constelaciones…?
Aquí Domínguez recordó a Lucrecio
en el prodigio del “Himno a la Materia”,
donde los cóndores de sus endecasílabos
dan fe de lo infinito y de lo eterno…
Y así la juventud halló el secreto
de la objetiva verdad del Universo.

¿A qué buscar doctrinas sociológicas
que impresionen por el atrevimiento
de sus nociones reales o ficticias
sobre el Género Humano en viaje siempre..?
Aquí Guillén Zelaya, augur y artista
en “La Espiral de la Historia” dejó dicho
que es el lucro el que engendra la discordia
y la funesta guerra de exterminio;
pero que un día acabará ese daño,
llegando a ser la Humanidad feliz.

¿A qué buscar el numen que estimule
la voluntad en otras latitudes,
si arriba alumbran las estrellas mayas
y abajo están los muertos inmortales..?
Aquí Turcios, poeta en prosa heroica,
con grito propio de jinetes ásperos
vivió exigiendo a la América Latina
acción conjunta, fuego endemoniado,
hasta abatir el coloniaje impuesto
por el imperio del dólar y el garrote.

He de agregar, la poesía es captación
de la belleza real de cuanto existe
en órfico movimiento permanente,
expresada en lenguaje esclarecido,
en polo opuesto a la fealdad profusa.
Ellos cantaron las formas, las esencias
de cuanto vuela en los días, en las noches.
Ellos, como los dioses, castigaron
a aquellos que traicionaron la Cadencia…
Ellos son los mentores… Alegrémonos
por conocer el arte de los rumbos.

IV

Amado tamarindo del Colegio,
que la salud te asista a toda hora
bajo este sol de alegre luz nativa,
sobre esta tierra de corrientes lácteas.
Necesario es que existas largamente
con tus cofres colmados de secretos
regionales que valen más que el oro.
Preciso es que domines los centenios,
Demócrito vegetal, maestro silente,
en medio de juventudes renovadas.
Debes llegar sin pactos como Fausto
a firme duración de largas épocas
para ver sociedades superadas.

Certidumbre

Por: Ángela Valle

Porque me cedes la palabra, digo:
nada es de nadie nunca. Y sin embargo
cómo nos afanamos todos, todos,
en retener, en poseer algo preciso.

Nadie es de nadie nunca, ni los hijos.
Ni el más cercano amor, ni el más lejano.
¡Y cómo nos besamos! ¡Con qué estrago
Se nos va incinerando en eso el cuerpo!

Él que me lo juraba, lo sabía.
Nada era de él, y nada mío
¡Y éramos aún dueños del infinito…!

Era tan sólo de los dos, la idea
devoradora, torturante y cierta:
¡Nadie es de nadie sólo que lo quiera!

Costumbres Navideñas de la Danlí del Recuerdo

Las Posadas

Se inician el quince de diciembre y simbolizan la llegada de José y María. Sale del Templo Parroquial hacia una casa fijada de antemano, al llegar al lugar donde se recibirán los Santos Peregrinos, los de afuera tocan la puerta y piden posada, cantando los de adentro, lo niegan, ruegan los de afuera y por fin las puertas se abren con suma alegría, después del rezo los acompañantes son obsequiados con ricas golosinas, la noche siguiente se dirige a un nuevo albergue; las más entusiastas dirigentes de esta festividad son: Doña Amparo de Medina, Martinita de Valle, Matilde Vega de Galeas, Goyita Rodríguez, Margarita Sosa, Castidad Salandía y otras que nuestra memoria infiel no nos permite recordar, pero que han dejado un recuerdo imperecedero con hondo sabor tradicional.

Navidad

La noche buena era una fiesta hogareña, donde la tradicional torrija y el incomparable nacatamal ponían la nota solemne a esta conmemoración del nacimiento del Salvador del Mundo. Los Nacimientos más famosos eran: el de Don Pancho Ramírez, Mariana Valle de Castillo y Tula de Alcántara; lo más simpático de esta festividad era la pérdida del niño que sucedía en nuestra ciudad tal como lo describe el ilustre Filólogo hondureño, Dr. Alberto Membreño de la siguiente manera: “Puesto el nacimiento y abierto al público las noches de pascua, concurre la gente en pandillas a verlo.

Uno de tantos amigos de la casa se roba al niño; pasado el último día de la pascua, el dueño del nacimiento y el que se robó al niño se ponen de acuerdo para la buscada y en la fecha convenida salen en procesión por las calles hombres, mujeres y muchachos de la casa del nacimiento, con música, cohetes a buscar al niño. Llegan a una casa y luego a otra en su busca, a lo que llaman Posadas y después de un breve canto en cada posada alusivo al acto, se dirige la procesión a aquella en la que va a tener lugar la fiesta y en la que hallan al niño. Sigue un baile de confianza, que concluye después que los concurrentes han tomado el ponche de piña o de leche.

Las paseadas de Chimina Romero

Chimina Romero, es quizá el personaje más representativo de nuestro lar nativo. La paseada salía de su casa de habitación situada en el Barrio Tierra Blanca, exactamente a las nueve de la noche iniciaba el desfile la incomparable Chimina, con su inseparable peineta andaluza, sus bien limpias y almidonadas enaguas, su collar de negros pacones y sus desproporcionados aretes, le daban la apariencia de una linajuda Dama Española, pero más nos recuerda el perfil de la reina Victoria.

Acompañaban la alegre paseada hombres, mujeres y niños, quienes caminaban por enmedio de la calle, el conjunto musical que iniciaba el desfile ejecutaba alegres marchas, al llegar al nacimiento escogido, se bailaba hasta el amanecer.

Las arengas de Chimina eran conminatorias: “la que se quiera ir con su novio —sentenciaba— que lo haga de su casa, de las paseadas, jamás, porque me desprestigian”.

Así era Maximina Romero, franca, bonachona y servicial, que un infausto —día del mes de enero de 1973, dejó el mundo de los vivos para traspasar los umbrales de lo ignoto.

Las Pastorelas del Padre Reyes

En la época navideña las pastorelas del Padre Reyes tenían un lugar preferente y por así decirlo una aceptación general. Crucita Novoa Mayorquín, con un entusiasmo poco común, reunía jóvenes de ambos sexos, y con la técnica rudimentaria de una teatrista en ciernes repasaba los papeles de sus actores.

La noche que se presentó la Pastorela Olimpia en el atrio de la casa parroquial, fue para Crucita Novoa, la mejor de sus noches, pues los aficionados del teatro la ovacionaron hasta el delirio, estos sinceros aplausos fueron recompensa que recibió como un estímulo por mantener viva la llama de las tradiciones nativas.

Tomado de “Danlí en el Recuerdo”. Segunda Edición. Por Darío Gonzáles.

Salario Mínimo 2014-2016 para Honduras

El nuevo salario mínimo se ha negociado para tres años: 2014, 2015 y 2016:

Cuadro de incrementos según cantidad de empleados por empresa:

Cantidad empleados

Incremento 2014

Incremento 2015

Incremento 2016

De 1 a 10 empleados

5%

5.3%

5.3%

De 11 a 50 empleados

 

5%

5.3%

5.5%

De 51 a 150 empleados

 

6%

6.5%

6.5%

De 151 empleados en adelante.

7.5%

8%

8%

Cifras del Nuevo Salario Mínimo

(Pinche en la imagen para agrandar).

Salario Mínimo 2014-2015

Fuente: Diario Tiempo

Actualización Enero 2014

La ley de salario mínimo ya ha sido publicada en La Gaceta. Ver enlace.

Acepción Liberal del Vocablo “Cachureco”

Por: Jorge Lardé y Larín
(Escritor Salvadoreño)

El partido conservador, servil, retrógrado o reaccionario ha recibido también en Centro América el dictado de “cachureco”.

Interesa, por consiguiente, precisar cuál es su origen y qué significa realmente ese vocablo. Un notable filólogo hibuerense ya fallecido, el doctor Alberto A. Membreño, refiere en su obra intitulada “Hondureñismos”, que, en una biografía inédita sobre el General Francisco Morazán, escrita por el hábil estilista e historiógrafo don Ramón Rosa, aparece consignado lo siguiente:

“El epíteto de cachureco data del año de mil ochocientos treinta y tantos, en que entró el General Rafael Carrera con sus huestes a la ciudad de Guatemala, llevando en lugar de clarín o trompeta un cuerno, entre nosotros cacho; provincialismo del cual hemos derivado la palabra cachureco“.

Dos afirmaciones importantes se hacen en el párrafo arriba transcrito: una de carácter histórico, o sea, que el término en cuestión se incorporó a la terminología política de Centro América en mil ochocientos treinta y tantos; y otra, de carácter lingüístico, o sea, que el vocablo cachureco deriva de cacho o cuerno.

De ser cierta, como lo es, la primera de las dos afirmaciones referidas, preciso es admitir que el vocablo cachureco no comenzó a figurar en el léxico político centroamericano, sino a partir del fatídico año de 1837 —en que aparecieron tal para cual el “cólera morbus” y el “indio de Mataquescuintla”,—si, con toda seguridad, desde abril de 1839,—época en que descendió de las abruptas serranías y se apoderó de la ciudad de Guatemala el hasta entonces obscuro cuidador de piaras Rafael Carrera, con la anuencia de los curas y frailes retrógrados y de las encopetadas familias de los Aycinenas y Pavones, de los Batres y Piñoles.

En cuanto a la segunda de las aseveraciones formuladas y muy a pesar de las doctas opiniones de Rosa y Membreño —la de aquél como historiador veraz e imparcial y la de éste como lingüista competente— sentimos mucho considerarla como totalmente errónea, pues no hay base seria, una mera suposición caprichosa, en qué apoyar la hipótesis de que el vocablo cachureco no es más ni menos que un provincialismo derivado de la voz cacho, que significa “cuerno”.

En efecto, a primera vista, despierta en el lector una natural sospecha la afirmación formulada por el doctor Rosa y aceptada sin análisis ni discusión por el doctor Membreño, ya que supone un agudo espíritu de observación y de retentiva en el afortunado o desdichado liberal que observó al indio Carrera con un “cacho”, el cual tocaba como si fuera un clarín o trompeta durante la ocupación de Guatemala, y una prodigiosa habilidad mental para formar de inmediato el vocablo derivado.

En segundo lugar, Hablistan, curioso escritor azteca de antigüedades, aunque sin pronunciarse categóricamente, manifiesta sus dudas y recelos sobre el origen del vocablo aludido.

“Confieso —dice el autor citado— que me parece muy endeble la supuesta etimología de la palabra cachureco; pero como no nos dejó otra mejor el cachureco Licenciado Batres Jáuregui, me conformo con la que hallo a mano por falta de competencia para dar alguna más atinada”.

Y a continuación agrega: “Sin embargo, hago presente que todavía no hace muchos años se llamaba entre nosotros (es decir, entre los mexicanos, moneda cachureca o cachuca a la de plata que no estaba fabricada en casas destinadas a la acuñación, y que hay un guiso italiano de la costa de Liorna que se llama pesce cacciouco, que se cocina con ajo, pimienta, pimentón y otros ingredientes explosivos”.

De conformidad a las indicaciones de Hablistan tendríamos el siguiente origen y significado del vocablo objeto de este estudio:

CACHURECO o CACHUCA adj. Antiguamente, moneda de plata mexicana que no había sido fabricada en casas destinadas a la acuñación.

Además, en México, según apunta el “Pequeño Larousse Ilustrado”, el adjetivo cachureco es sinónimo de “torcido, deformado”.

Esta última aportación al tema en desarrollo viene a confirmar la referencia de Hablistan, ya que una moneda de plata, que no ha sido fabricada con la técnica requerida en una casa de acuñación, necesariamente tiene que salir deformada o torcida, es decir, cachureca.

En consecuencia, es muy aventurado asignar a la palabra en cuestión un origen centroamericano, pues casi con toda seguridad es de génesis mexicano; así como muy festinado o ingenuo aseverar que el vocablo precitado deriva del provincialismo “cacho”, cuerno.

Con lo dicho, el tema está muy lejos de haberse agotado.

En un anónimo “Remitido” que apareció publicado en el número 36, tomo II, de la “Gaceta Oficial” de la República de El Salvador, correspondiente al 6 de mayo de 1863 (pág 3, cols. 2ā y 3ā), se hace mucha luz sobre el verdadero significado de la palabra cachureco.

He aquí, en la parte pertinente, el texto literal del indicado “Remitido”:

“La facción de la montaña, durante los dos años que duró la guerra, no tuvo más apoyo que el de los malhechores, que acudían atraídos por las rapiñas y latrocinios, ni más adictos que muchos curas y clérigos de Guatemala, que se abanderizan a cuanto puede oponerse a los gobiernos republicanos y liberales. Acaso desde la independencia, no ha habido para los clérigos tiempo más crítico y peligroso; apenas se atrevían a atravesar las calles, se les señalaba como enemigos dela sociedad y se les llamaba cachurecos, nombre que se daba a los malhechores armados, y por extensión a cuanto adolecía de algún vicio o defecto capital; así se llamaba cachureca la moneda falsa, y si una mujer era fea, era también cachureca“.

Y en esta interpretación se encuentra el por qué los liberales centroamericanos, con el General Francisco Morazán como pontífice, endosaban tal adjetivo a los miembros del partido servil.

Querían significar con este que los reaccionarios eran “personas falsas” o “malhechores armados” que conspiraban contra la República y la Democracia, falsas ni más ni menos que como las falsas monedas de plata fabricadas fuera de las casas legítimamente destinadas a la acuñación.

Sin duda alguna, los liberales o fiebres, que más tarde recibieron el dictado de coquimbos, no pudieron localizar epíteto más apropiado para diferenciarse de sus compatriotas del partido servil, a los cuales comenzaron a llamar “cachurecos” hacia 1838.

Dicho epíteto, surgido al calor de encendidas pasiones y estériles querellas disociadoras, tiene un fuerte sabor a menosprecio. Es, en efecto, altamente despectivo; de ahí que en el tiempo que se interpoló en el glosario político centroamericano vino a constituir un insulto, una injuria.

Con los años, sin embargo, los conservadores fueron acostumbrándose a su nueva denominación y aun hoy día, en El Salvador, se adjudica ese epíteto a los herederos espirituales del marqués de Aycinena y del arzobispo Casaus y Torres, a quienes se les asigna también con los dictados de “curero” o “clericalista”.

Y tan se acostumbraron a su nuevo mote, que refiérese que el licenciado don Vicente Ariza Padilla, hábil político hondureño y notable Abogado de Tegucigalpa, acostumbraba repetir, ora en el seno de la charla familiar, ora en la amena tertulia provocada en el círculo de sus amigos, que solamente aspiraba a que, sobre su sepultura, se colocara una lápida mortuoria con esta sencilla y lacónica leyenda:

AQUÍ YACE UN CACHURECO.

Carlos Alberto Uclés

Carlos Alberto Uclés

Carlos Alberto Uclés nació en Tegucigalpa el 5 de Agosto de 1854, de noble tronco y emparentado cercanamente por la sangre con don Marco Aurelio Soto y con don Ramón Rosa. Falleció en Tegucigalpa el 15 de Enero de 1942.

Don Carlos Alberto Uclés es uno de los exponentes más fulgorosos de nuestra literatura. Su vida no sufrió jamás los vaivenes de la incertidumbre, ni fue acosado nunca por la miseria. Nació, vivió y murió gran señor.

Se graduó Doctor en Derecho de la Universidad de Guatemala y regresó a Tegucigalpa, allá por el año de 80, cuando se lesgislaba y se reformaba al son de las liras endomingadas, y cuando Valle de Ángeles era el Petit Trianon de los escogidos.

Ninguno de los eminentes varones que formaron en los tercios del magnífico Marco Aurelio, había cumplido los cuarenta años, por lo que se puede afirmar, sin hipérbole, que las bases de la República fueron fijadas por las manos de una gloriosa muchachada.

En este ambiente de reformas y aristocratizante, el Doctor Uclés, como un árbol temprano, se alzó lleno de lozanía, floreció y cuajó el pulposo fruto. Eran los años del Romanticismo y nuestros poetas templaban sus liras según Musset, Víctor Hugo, Byron, Heine y Espronceda. Nuestro poeta, como un provenzal, hilvanó sus canciones y bordó madrigales y repujó sus castellanísismos romances. Asumió galantes posturas del más refinado rendimiento cabe al piano de la amada, y se murió de amor ante las rejas empapadas de luna y florecidas de claveles, tras las que soñaba la niña de azules orejas. Toda la poesía del bardo está saturada de romanticismo, sin que pueda otro cantor disputarle este puesto.

Pero el rebuscamiento acabó por ahogar sus afanes líricos, dejándonos de él nada más que el orador y el político.

Pocos años antes de morir, el Doctor Uclés recopiló y publicó su obra en dos volúmenes, tanto en verso como en prosa.

Tomado del libro “Páginas Hondureñas”, editado por Miguel Navarro Castro. Tegucigalpa, 1958.

La Nochebuena

Por: Carlos Alberto Uclés

!Ay! Jamás lo olvidaré. Era una noche azul. La campana de la torre dio la oración. Yo estaba inquieto. Los pitos de agua y tamboriles anunciaban una gran fiesta. Toda la gente estaba en las calles, llenas de alegría y de música; y me parecían muy felices los muchachos que pasaban cantando:

“Esta noche es noche buena,
Y no es noche de dormir…”

Un pájaro me aleteaba también en el corazón.

Cosa de hadas se me fingió tu nacimiento. El Niño sonreía en su cuna, velado por la Virgen. Casitas suizas, soldados de plomo, inditos de Guatemala; era un mundo en miniatura. Los tres reyes magos venían por Buenavista, trayendo de Oriente diamantes y perlas.

En la primavera, tú cogías mariposas, que me prendías con alfileres, y yo cortaba rosas, con que te hacía ramilletes. Después, éstas se marchitaron y aquéllas se murieron. Sólo quedaba el Colegio triste, allá muy lejos. Enfermé de nostalgia, y me volví a mi playa, cual una golondrina a su nido.

Cuando entré a tu salita, todo era luz y armonía. El frío invernal era en ella tibio ambiente, y la conversación se animaba con el vino. Los jóvenes perfumados cortejaban a las niñas brillantes. Toda la familia estaba en el hogar: la mamá y la abuelita, el perro Mustafá y la gata Mistrís. Y no faltaban el lorito de Puerto Rico y el primo de marras.

¿Te acuerdas? Tú cantaste en el piano una romanza:

“Sentada al pie de un sauce.”

Como una flor de lis, parecías de rocío y aurora. Tus compañeras jugaban juegos de prendas, todavía. En un rincón, un viejo criado divertía a los pequeñuelos con cuentos de Navidad o de “Las Mil y una Noches.”

A las doce, la alegría estalló: era la hora de los buñuelos. Tú estabas pensativa, y yo pensaba en ti. Un momento quedamos a solas, tomé tu mano entre las mías, y mirándome en tus ojos, te dije: Yo te amo. Cuando tú me contestaste: ¿Por qué me lo preguntas? —palpitó una estrella, y se estremecieron las violetas.

¿Quién me diera tornar a tus plantas?

La misa del gallo, la dijo el buen cura en la Parroquia. Y luego me dormí, entre sueños de oro. Por ti me olvidé de la Huerta del Bosque y la lechería del Molino, de aquellos pastorcitos de yeso, que se estaban quietos, y de aquellas muñecas de biscuit, que bailaban. Y, con cosas ideales, me formé un lindo alcázar de amor.

Entonces Christmas me dio sus dulces, y Noel su monedita reluciente. Después, una tarde en el mar, el viento se llevó tus ilusiones, como hojas secas.

¿Te acuerdas? Cuando volví de aquel país, —”¿Conoces el país donde florece el naranjo?”— era también la Nochebuena. Pero un ave negra batía sus alas en el cielo.

Y ¡qué pálida estabas! ¡Habían pasado tantos años!…

Mustafá y Mistrís, mis pobres amigos, ya no existían. Quedaba solamente el primo de marras.

¡Ay, Dios mío! Cuando las rosas se mueren en el alma, ¿por qué no nacen en el cuerpo las margaritas?

Pompilio Ortega

Nació en La Libertad, Comayagua (1890), falleció (1959). Autor de: Nociones de agricultura. Tegucigalpa, 1921, El cultivo del café en Honduras. Tegucigalpa, 1946, Patrios lares. Tegucigalpa, 1946, y numerosas cartillas relativas al cultivo del cafeto. De acuerdo a José Reina Valenzuela, “dedicó sus estudios no solo al agro hondureño sino a recopilar sus tradiciones y leyendas, recogiendo pacientemente la música nacional en pueblos y aldeas para formar el alma musical de nuestro folklore”.

Tomado de “Diccionario de Escritores Hondureños”. Mario R. Argueta. Editorial Universitaria. U.N.A.H.

Juan Pablo Wainwright Nuila

Juan Pablo WainwrightNació en Santa Bárbara (1894), de padre inglés y madre hondureña, murió en Guatemala (1932). Graciela Amaya opinó de él así: “Luchador incansable, dedicó la mayor parte de su vida a la organización y educación de la clase obrera y a la propaganda de las ideas socialistas…” Alfredo Schlessinger sostiene: “En 1928 se inicia en las filas del comunismo que encuentra en él a su partidario más ferviente; se traslada a la costa norte de Honduras, donde organiza a los trabajadores; provoca huelgas violentas contra la United Fruit Company… logra fugarse y se traslada a Guatemala, donde trabaja de manera efectiva en pro del desenvolvimiento del comunismo, que tuvo en él a uno de sus elementos más destacados, más activos y más capacitados…”

Fue fusilado en Guatemala el 18 de febrero de 1932, acusado de realizar “una campaña de propaganda disociadora encaminada a sembrar la discordia entre el pueblo guatemalteco”. Citando a Schlessinger, Wainwright, en su breve vida, recorrió los Estados Unidos, México, Canadá (donde se alistó en el Ejército, combatiendo en Europa durante la Primera Guerra Mundial, siendo condecorado y recibiendo el grado de Teniente), para luego trabajar como marino. Al regresar a su país se dedicó al comercio, pero al ser perseguido por apoyar al Partido Liberal en la guerra civil de 1924, se dirigió a El Salvador en 1925, donde se casó y procreó dos hijas. En 1928 se inició en la militancia comunista, trasladándose a la Costa Norte hondureña donde organizó a los trabajadores bananeros y promovió huelgas, siendo apresado en el Castillo de Omoa, fugándose y trasladándose a Guatemala, viajando entre este país y El Salvador en actividades proselitistas, suponiéndose tuvo participación en el alzamiento campesino de 1932 en ese país, el cual fue violentamente reprimido por el Presidente Maximiliano Hernández Martínez. Al reingresar a Guatemala corrió la suerte arriba indicada. “Era un hombre silencioso, hosco, paciente y resignado: condiciones que parecen estar en pugna con su energía, actividad y dinamismo desplegados al servicio de una causa. Su mirada era fuerte y sugestiva, le ayudaba en su campaña propagandística para conquistar espíritus e influenciar a las armas, formando de cada convertido un sacerdote fanático del comunismo, del cual era un convencido y un creyente fervoroso”.

De él dijo Rafael Heliodoro Valle: “un hombre que supo entregarse íntimamente a su idea. Fue viajero Mosca en muchos ferrocarriles del mundo como si hubiera tenido pase en todos ellos; fue pescador en Alaska, cortó madera, fabricó carbón, sirvió de mozo de cordel en los hoteles y fue soldado en Canadá. Y un día volvió a su trópico de donde era, a luchar a brazo partido por la felicidad de los que, como él, han padecido miseria y tienen esperanza. Y fue agitador en las fincas de banano, provocó huelgas, sufrió cárceles, tomó parte en conspiración, y fue fusilado…”

Tomado del “Diccionario Histórico-Biográfico Hondureño”. 2ā Edición Aumentada. Mario R. Argueta. Editorial Universitaria. U.N.A.H.