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Oradores Políticos Hondureños

Por: Pedro Salinas Navarro

Cuando se trata de personas que disertan ante un auditorio, siempre ronda en los pasillos populares una mala apreciación al decir: “Fulano o zutano” no ocupa papelitos para hablar en público. ¡Es gallo para improvisar!

Pero a decir verdad, improvisar no es hablar sin soporte de referencia, desde mi punto de vista, el que improvisa y lo hace bien, se apoya en lecturas, textos o incluso en discursos previamente leídos, lo cual lo hace más suelto de palabra “lógica y coherente”. Pero aquel que se para en un estrado y dice lo primero que se le viene en gana, ¡no es improvisado, sino un valiente!

Seguramente se ha leído y escuchado sobre todo de aquellos ya peinan canas, que en Honduras existió un amplio grupo de conspicuos ciudadanos que sabían cómo tratar de manera exquisita el castellano. Personajes como: Marco Aurelio Soto, Ramón Rosa, Policarpo Bonilla, Álvaro Contreras, Modesto Rodas Alvarado y Ramón Villeda Morales entre otros. Eran brillantes (Unos mejores que otros, claro) pero encantaban, eran grandes motivadores y encendedores de masas, electrizantes, pujantes y altamente carismáticos.

Existen y existieron también personajes políticos de otros países latinoamericanos, que sinceramente es un placer escucharles, más allá de su estilo, ideología política, filosófica o doctrinal. Lo que envuelve es la manera de captar la atención. Sus discursos están vigentes. Personajes como: Jorge Eliezer Gaitán (Colombia), Alan García (Perú), Fidel Castro (Cuba), Ernesto “Che” Guevara (Argentina), Hugo Chávez (Venezuela), Mario Vargas Llosa (Perú), Luis Donaldo Colosio (México), Luis Carlos Galán (Colombia), Raúl Ricardo Alfonsín (Argentina), entre otros.

A mi edad, (ya pasaditas las tres décadas) he visto y presenciado algunos “tamagases” más que discursos en el país, prácticamente desde el año 1997 hasta la fecha (tiempo en que adquirimos un poco de conciencia en estos temas).

Nuestros políticos básicamente “las dos últimas generaciones” como “oradores”, han dejado mucho desear, digo esto, porque los que saben de historia política, siempre rememoran los pasillos del ayer, haciendo alusión a los personajes antes mencionados.

En su auge como oradores constantes, figuras como: Rafael Pineda (QDDG) y Oswaldo Ramos, no eran excelsos, pero para decir algo, Pineda tenía dominio escénico y voz recia envolvente, y en el caso de Ramos su discurso era florido.

Presidentes como: Roberto Suazo Córdova y José Azcona, la verdad no se dice casi nada de ellos como oradores, más que eran de contenido lineal, sencillo y llano, con esquemas folklóricos en el caso de Suazo. Pero, lo triste es, que ni esperanzas existen de ver o escuchar sus actuaciones de aquellas épocas en videos o audios.

1. Rafael Leonardo Callejas (Nacionalista 1990-1994)

Por suerte he visto recién unos videos de sus mejores años como político, en su campaña de (1989) El poseía un discurso enérgico, fluido de palabra, de voz alzada que por la emoción vibrante la perdía por momentos. Discurso desarrollado casi siempre en la emotividad y coherente en la estructura de su contenido. Contenido que era de crítica permanente a sus oponentes de aquel entonces.

2. Carlos Roberto Reina (Liberal 1994-1998)

Sinceramente no recuerdo alguno de sus discursos, y no hay material vigente o al menos accesible para verle u escucharlo. Pero volviendo al “me cuentan” dicen que su fuerte estaba en la retórica y en la improvisación con buen suceso y de contenido superfluo. Lo que si recuerdo, es que poseía una voz bastante modulada.

3. Carlos Roberto Flores (Liberal 1998-2002)

Él es un político con gesticulaciones pronunciadas, (se expresa con las manos) marcando muy bien sus pausas. Es levemente emotivo pero casi siempre intenso, ilusionista en gran medida su contenido. Poseedor de una voz melódica, y por momentos su estilo descansa en lo poético.

Los más recientes

Desde mi óptica ha sido el grupo de políticos menos dotados con este recurso.

1. Ricardo Maduro (Nacionalista 2002-2006)

Un líder con un discurso común, se comunicaba con su masa partidaria casi como cualquier plática de amigos. Prácticamente enmarcado en tecnicismos financieros, muy sencillo y sin contenido oral atrayente.

2. José Manuel Zelaya (Libertad y Refundación 2006-2010)

Es un político de voz recia y amplia, mesurado en ciertos momentos. Su discurso duerme en el populismo envuelto con frases dominantes, carece siempre de guión alguno. Además, entra en la distracción y al mismo tiempo navega en “la jocosidad”. “Mel” es un experto en el entretenimiento masivo, apoyándose en herramientas estrictamente folclóricas.

3. José Porfirio Lobo (Nacionalista 2010-2014)

“PP”, de voz templada y contenido plano. Sus discursos políticos se hacían sentir con fuerza, pero sinceramente expresaba poco o nada. Además no contaba con solvencia lírica para llamar la atención. De estilo campechano, jocoso y de corte populista.

4. Juan Orlando Hernández. (Nacionalista 2014- 2018)

El actual presidente es un político de voz fuerte de aceptada tonalidad, siempre y cuando navegue en tonos no exacerbados, porque en espacios intermitentes tiende a perder el control por su excesiva emotividad. Su discurso descansa en las comparaciones, de argumento confrontativo y extenso, de contenido llano y muy repetitivo.

En conclusión la proyección de la oratoria hondureña se vislumbra poco optimista, ya que a nuestros políticos se le olvida, que la oratoria es parte esencial de una figura pública, más cuando se pretende alcanzar cimeras posiciones en la estructura pública del país.

Para casi todos, el creer hacerlo bien, ya es suficiente.


Extenso

(Poema)

La vida renueva su magia al llorar de la nada, y presiona
El botón de las viejas costumbres, para mermar la humedad.
¿Que sueña el que sueños ha cumplido?, ¿El que ha dormido
Sin temor a la profundidad? ¿Y sin temor a nadar en lo perdido?

Miles de sueños rotos por el filo de una noche,
Tirados al vacío que esconde su nombre, manchando su cielo,
De viejos, de ligeros sueños que devoraron mi juventud,
Sagacidad sin preguntar, sin temor de mentirle a la verdad.

El tiempo se ha escurrido, y las gotas
Mojan con júbilo el cristal, se inhibe lo silente del camino,
Se prestan a volver, y los titanes apetitos, que no
Fueron atrás vencidos, hoy quieren florecer.

Déjame cruzar y estar de ese lado, aun
Sabiendo, que al volver las huellas se habrán borrado,
Que habré sido hechizo, para atar tus pies al suelo,
Ya así la miel derramará cada gota lentamente.

Volveré a la locura añorada, al trastorno que sigila 
El futuro, prendiendo el horizonte a mis ojos tibios,
Envolviendo el deseo que en tu lecho ha sucumbido,
¡Atrás de ti princesa!.. Atrás de ti, mi luz quedó encendida,
Y tras tu caída, quedo un peñón; con sus alas extendidas.

Pedro Salinas Navarro
Honduras C.A. 14/03/2015
DR

Juan Orlando Hernández vs. Manuel Zelaya

Juan Orlando Hernández y Manuel Zelaya

Se insiste mucho por parte de simpatizantes del Partido Libertad y Refundación en que estamos en una dictadura encabezada por Juan Orlando Hernández por la manera que siendo presidente del Congreso acumuló poder, y por haber ganado con fraude las elecciones presidenciales.

Estas acusaciones resultan un tanto exageradas, ya que si realmente hubiera una dictadura se esperaría una represión violenta contra los opositores y un bloqueo de los medios de comunicación que no siguen la línea del gobierno, cosa que no se ha dado.

Tal vez sería más correcto hablar de un gobierno autoritario. Pero si esto es así, los hondureños hemos vivido por mucho tiempo bajo regímenes autoritarios. En gobiernos donde liberales y nacionalistas se reparten los puestos del gobierno. Se podría decir que hemos vivido bajo una dictadura bipartidista donde la idea de un Estado de Derecho donde rige el principio de legalidad, de la separación de poderes y de pesos y contrapesos, solo ha sido una vana retórica que no se cumple en la práctica.

Esto también lo vivimos durante el gobierno liberal de Manuel Zelaya Rosales, quien ahora milita en otro partido por causa del golpe de Estado. También Zelaya Rosales intentó controlar los otros poderes del Estado, aunque sin mucho éxito, porque las reformas populistas que él pregonaba atemorizaron a la élite socio-económica que gobierna el país y a la que él llamaba “los poderes fácticos”.

A Juan Orlando Hernández se le acusa de militarizar el país, pero fue Manuel Zelaya el que inició un acercamiento indebido con el ejército, ratificando en su puesto a Romeo Vásquez Velázques, quien después le dio golpe de Estado, y colocó a un militar retirado como ministro de Seguridad.

Fue Manuel Zelaya quien intentó colocar a Sonia Marlina Dubón, la esposa de Enrique Flores Lanza como magistrada de la Corte Suprema de Justicia, sin pasar por el procedimiento acordado.

Manuel Zelaya impuso un estilo de gobierno personalista y caudillista que fracasó por falta de apoyo interno. Su falta de prudencia resultó en un golpe de Estado que resultó muy dañino para el país y del que todavía sufrimos las consecuencias.

Ahora se alega que hubo fraude electoral, pero no se tuvo el valor de protestar enérgicamente en las calles. Esas denuncias de fraude ahora resultan poco creíbles ante la falta de acción de los supuestamente agraviados.

Si aún caso, lo que se le puede reprochar a Juan Orlando es que tuvo éxito donde Manuel Zelaya falló.

El caudillismo de Zelaya también hizo fracasar al partido LIBRE al imponer a su esposa como candidata única en una farsa de elecciones internas.

El partido LIBRE también le facilita a Juan Orlando a implantar su autoritarismo azul, ya que por miedo a ser gobernados por una izquierda irracional, la élite burguesa prefiere ser oprimida por un tirano de derechas. Por esta razón las medidas fiscales opresivas para la libre empresa no reciben la oposición que de otro modo tendrían.

Difícilmente el partido LIBRE puede ser una opción democrática si ni siquiera practican la democracia que predican a lo interno, ya que Manuel Zelaya es el que decide lo que se hace o se deja de hacer. Se quejan de la supuesta dictadura de Juan Orlando, pero por otro lado apoyan sin condiciones los regímenes autoritarios de lo peor de la izquierda internacional. Particularmente cuesta entender como los izquierdistas que se jactan de ser demócratas apoyan con entusiasmo la dictadura de los hermanos Castro en Cuba.

Socialismo vs. Libre Empresa

Gina Kawas escribe un artículo en el que trata de sostener la tesis de que el socialismo está luchando contra la libre empresa.

Para ella el problema del socialismo es que en él las instituciones del Estado tienen “demasiadas facultades” y que esto termina degenerando en una burocracia ineficiente. Esta es la conocida tesis de que las empresas privadas siempre son más eficientes que las organizaciones del Estado.

Poniendo como modelos de socialismo latinoamericano a países como Venezuela, Bolivia, Brasil, Ecuador y Brasil; ella considera que estos Estados “a través de bonos y subsidios mantienen en dependencia a sus poblaciones, pero no promulgan la verdad innegable que el mejor programa social es generar empleo”.

¿Y cómo se puede generar más empleo? Sencillo, mediante la libre empresa. Es decir, permitiendo que sean las empresas privadas las que provean de bienes y servicios, sin mayor intervención del Estado.

La consecuencia de esta concepción de la libre empresa es la privatización. Para generar mayor empleo habría que privatizar todas las empresas estatales, como las que proveen de electricidad y las empresas de telecomunicaciones. En Honduras, Gina Kawas sostendría que privatizar empresas como Hondutel, ENEE y SANAA produciría más empleo y resultaría en una mayor eficiencia económica. Pero no hay porque detenerse en estas grandes empresas; siguiendo esta misma lógica, también hay que privatizar los hospitales y centros de salud públicos, privatizar escuelas, colegios y universidades.

Es evidente que un programa de privatización de tal estilo recibiría una fuerte oposición popular, por lo que se necesitaría un gobierno de corte dictatorial para implementarlas. De hecho esto ya ha sucedido, como en el caso del Chile de Pinochet. Tal parece entonces que la democracia y la “libre empresa” no son compatibles.

Siguiendo la concepción de socialismo de Kawas, Honduras es un estado socialista, por la restricciones que tiene la empresa privada en Honduras y por el número de empresas públicas. El Partido Liberal y Nacional, de conocida tendencia conservadora, también serían partidos socialistas. Tal concepción de socialismo no es la que defienden los sectores de izquierda en Honduras, que consideran que el Estado de Honduras está siendo dirigido por una élite corrupta, en la cual se encuentran poderosos empresarios que utilizan al Estado para obtener grandes beneficios en contra de los intereses de la mayoría de la población.

Un socialismo sin representación popular no es socialismo. Un socialismo en el que una élite burocrática manipula a la población con bonos y dádivas para comprar voluntades no es a lo que aspira los sectores con simpatías de izquierda, aunque lamentablemente la teoría no siempre concuerda con la práctica.

Tampoco es evidente que la privatización generaría más empleo. En el caso de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, una privatización podría provocar un aumento a las tarifas, lo que sería perjudicial para la actividad económica.

No es evidente que las empresas privadas siempre sean más eficientes que las empresas estatales. En Honduras, como parte de una estrategia de privatización no declarada, se abandona deliberadamente a las empresas estatales a una gestión negligente, con lo que la idea de que las empresas del Estado son ineficientes se convierte en una profecía auto-cumplida para justificar su privatización.

Con las políticas de privatización se socializan las pérdidas y se privatizan las ganancias, beneficiando solo a un pequeño grupo de empresarios favorecidos por el Estado.

En lo que respecta a los países mencionados por Kawas, muchos de ellos cuentan con mejores indicadores económicos que Honduras, por lo que la idea de que imitar algunas de sus políticas nos afectaría económicamente no encuentra asidero. Para el caso de el país vecino de Nicaragua, algunas empresas transnacionales están emigrando de Honduras a Nicaragua por que encuentran allí un mejor ambiente para desarrollar sus actividades.

Recientemente se aprobó en Honduras un paquete de medidas fiscales que resulta una onerosa carga para el sector empresarial, especialmente para la pequeña empresa y para los sectores de bajos ingresos. Estas medidas, impuestas por el conservador Partido Nacional sin consultar con la población, se pueden considerar socialistas según la concepción de socialismo de Kawas. Irónicamente, el Partido Libertad y Refundación (LIBRE), que se considera de izquierda, sería un campeón de la libre empresa en este aspecto. El Partido LIBRE también propone la eliminación de exenciones tributarias y combatir a los monopololios y oligopolios, con lo que también se contribuiría a la libre empresa.

Con todo esto es claro que resulta una falsa dicotomía pretender que la derecha defiende siempre la libre empresa y que la izquierda siempre se opone a ella. Por otro lado no está claro que la concepción tradicional de “libre empresa” resulte siempre en la implementación del bien común. Por ejemplo, en lo que respecta al libre comercio, es sabido que la eliminación de aranceles puede perjudicar a los empresarios nacionales, aumentando el desempleo y la pobreza. En este sentido la izquierda se ha opuesto al libre comercio, y con buenos argumentos.

No todas las izquierdas son iguales. ¿Qué es mejor? ¿Una derecha corrupta o una izquierda inteligente? Según el empresario hondureño Adolfo Facussé: “Yo no me asusto con las ideas de izquierda, de una izquierda inteligente (…) a El Salvador no le ha ido mal, en Nicaragua los empresarios están contentos. Nosotros, sin tener un gobierno de izquierda tenemos un gobierno imbécil. A los empresarios no nos conviene gente muerta de hambre, gente pobre”.

Cuando Hables al Pueblo

Por: Raúl Gilberto Tróchez

Cuando hables al pueblo,
político rudo,
límpiate la boca de pecado.
Soy el pueblo que engañas;
soy el pueblo en harapos,
columna vertebral de tu existencia;
sin mí, tus palabras irán al vacío,
sordas, mudas,
terribles, sin eco…
Cuando mi nombre invoques,
registra tu conciencia;
no malgastes las palabras:
PUEBLO, LIBERTAD y PATRIOTISMO
como escudo a tu maldad premeditada.
Haz de cada jirón de mi vestido
una bandera de redención;
de cada lágrima mía,
un manantial perenne
que refresque el desierto miserable
en que me abraso;
de cada sacrificio,
de cada lamento,
un Código Moral en mi Destino,
que mande, no a mi destrucción,
sino a mi completo bienestar;
al disfrute de plenitud
de mi montaña;
mi buey y mi caballo;
mi perro y cabaña.
No te pido más, político ciego:
quiero ver a mi Patria
libre de miserias;
libre de rencores;
libre de ambiciones…
Soy el Pueblo humilde,
inmenso en bondades
y terrible en acciones
cuando no se cumple
tu misión de hombre.
Soy un pueblo bravo
de miles de hermanos,
millones de brazos,
pidiendo, invencibles,
que no haya esclavos.
Que tu acción no me hunda
en el atraso que asfixia;
mi condición de ser libre
y de ser soberano,
le dan dignidad a mi Destino.
Tú, político sordo;
político rudo,
me mantienes atado;
me mantienes enfermo…
Tú, sembrador de discordia,
me has legado tu herencia
en misión negativa
de un fatal heroísmo.
Cuando hables al Pueblo,
ve con alma pura;
ve con Dios adentro,
porque estoy cansado
para ser tu esclavo
porque tu palabra
ya no me convence…

Tomado de “Poemas y Cuentos”.

Acepción Liberal del Vocablo “Cachureco”

Por: Jorge Lardé y Larín
(Escritor Salvadoreño)

El partido conservador, servil, retrógrado o reaccionario ha recibido también en Centro América el dictado de “cachureco”.

Interesa, por consiguiente, precisar cuál es su origen y qué significa realmente ese vocablo. Un notable filólogo hibuerense ya fallecido, el doctor Alberto A. Membreño, refiere en su obra intitulada “Hondureñismos”, que, en una biografía inédita sobre el General Francisco Morazán, escrita por el hábil estilista e historiógrafo don Ramón Rosa, aparece consignado lo siguiente:

“El epíteto de cachureco data del año de mil ochocientos treinta y tantos, en que entró el General Rafael Carrera con sus huestes a la ciudad de Guatemala, llevando en lugar de clarín o trompeta un cuerno, entre nosotros cacho; provincialismo del cual hemos derivado la palabra cachureco“.

Dos afirmaciones importantes se hacen en el párrafo arriba transcrito: una de carácter histórico, o sea, que el término en cuestión se incorporó a la terminología política de Centro América en mil ochocientos treinta y tantos; y otra, de carácter lingüístico, o sea, que el vocablo cachureco deriva de cacho o cuerno.

De ser cierta, como lo es, la primera de las dos afirmaciones referidas, preciso es admitir que el vocablo cachureco no comenzó a figurar en el léxico político centroamericano, sino a partir del fatídico año de 1837 —en que aparecieron tal para cual el “cólera morbus” y el “indio de Mataquescuintla”,—si, con toda seguridad, desde abril de 1839,—época en que descendió de las abruptas serranías y se apoderó de la ciudad de Guatemala el hasta entonces obscuro cuidador de piaras Rafael Carrera, con la anuencia de los curas y frailes retrógrados y de las encopetadas familias de los Aycinenas y Pavones, de los Batres y Piñoles.

En cuanto a la segunda de las aseveraciones formuladas y muy a pesar de las doctas opiniones de Rosa y Membreño —la de aquél como historiador veraz e imparcial y la de éste como lingüista competente— sentimos mucho considerarla como totalmente errónea, pues no hay base seria, una mera suposición caprichosa, en qué apoyar la hipótesis de que el vocablo cachureco no es más ni menos que un provincialismo derivado de la voz cacho, que significa “cuerno”.

En efecto, a primera vista, despierta en el lector una natural sospecha la afirmación formulada por el doctor Rosa y aceptada sin análisis ni discusión por el doctor Membreño, ya que supone un agudo espíritu de observación y de retentiva en el afortunado o desdichado liberal que observó al indio Carrera con un “cacho”, el cual tocaba como si fuera un clarín o trompeta durante la ocupación de Guatemala, y una prodigiosa habilidad mental para formar de inmediato el vocablo derivado.

En segundo lugar, Hablistan, curioso escritor azteca de antigüedades, aunque sin pronunciarse categóricamente, manifiesta sus dudas y recelos sobre el origen del vocablo aludido.

“Confieso —dice el autor citado— que me parece muy endeble la supuesta etimología de la palabra cachureco; pero como no nos dejó otra mejor el cachureco Licenciado Batres Jáuregui, me conformo con la que hallo a mano por falta de competencia para dar alguna más atinada”.

Y a continuación agrega: “Sin embargo, hago presente que todavía no hace muchos años se llamaba entre nosotros (es decir, entre los mexicanos, moneda cachureca o cachuca a la de plata que no estaba fabricada en casas destinadas a la acuñación, y que hay un guiso italiano de la costa de Liorna que se llama pesce cacciouco, que se cocina con ajo, pimienta, pimentón y otros ingredientes explosivos”.

De conformidad a las indicaciones de Hablistan tendríamos el siguiente origen y significado del vocablo objeto de este estudio:

CACHURECO o CACHUCA adj. Antiguamente, moneda de plata mexicana que no había sido fabricada en casas destinadas a la acuñación.

Además, en México, según apunta el “Pequeño Larousse Ilustrado”, el adjetivo cachureco es sinónimo de “torcido, deformado”.

Esta última aportación al tema en desarrollo viene a confirmar la referencia de Hablistan, ya que una moneda de plata, que no ha sido fabricada con la técnica requerida en una casa de acuñación, necesariamente tiene que salir deformada o torcida, es decir, cachureca.

En consecuencia, es muy aventurado asignar a la palabra en cuestión un origen centroamericano, pues casi con toda seguridad es de génesis mexicano; así como muy festinado o ingenuo aseverar que el vocablo precitado deriva del provincialismo “cacho”, cuerno.

Con lo dicho, el tema está muy lejos de haberse agotado.

En un anónimo “Remitido” que apareció publicado en el número 36, tomo II, de la “Gaceta Oficial” de la República de El Salvador, correspondiente al 6 de mayo de 1863 (pág 3, cols. 2ā y 3ā), se hace mucha luz sobre el verdadero significado de la palabra cachureco.

He aquí, en la parte pertinente, el texto literal del indicado “Remitido”:

“La facción de la montaña, durante los dos años que duró la guerra, no tuvo más apoyo que el de los malhechores, que acudían atraídos por las rapiñas y latrocinios, ni más adictos que muchos curas y clérigos de Guatemala, que se abanderizan a cuanto puede oponerse a los gobiernos republicanos y liberales. Acaso desde la independencia, no ha habido para los clérigos tiempo más crítico y peligroso; apenas se atrevían a atravesar las calles, se les señalaba como enemigos dela sociedad y se les llamaba cachurecos, nombre que se daba a los malhechores armados, y por extensión a cuanto adolecía de algún vicio o defecto capital; así se llamaba cachureca la moneda falsa, y si una mujer era fea, era también cachureca“.

Y en esta interpretación se encuentra el por qué los liberales centroamericanos, con el General Francisco Morazán como pontífice, endosaban tal adjetivo a los miembros del partido servil.

Querían significar con este que los reaccionarios eran “personas falsas” o “malhechores armados” que conspiraban contra la República y la Democracia, falsas ni más ni menos que como las falsas monedas de plata fabricadas fuera de las casas legítimamente destinadas a la acuñación.

Sin duda alguna, los liberales o fiebres, que más tarde recibieron el dictado de coquimbos, no pudieron localizar epíteto más apropiado para diferenciarse de sus compatriotas del partido servil, a los cuales comenzaron a llamar “cachurecos” hacia 1838.

Dicho epíteto, surgido al calor de encendidas pasiones y estériles querellas disociadoras, tiene un fuerte sabor a menosprecio. Es, en efecto, altamente despectivo; de ahí que en el tiempo que se interpoló en el glosario político centroamericano vino a constituir un insulto, una injuria.

Con los años, sin embargo, los conservadores fueron acostumbrándose a su nueva denominación y aun hoy día, en El Salvador, se adjudica ese epíteto a los herederos espirituales del marqués de Aycinena y del arzobispo Casaus y Torres, a quienes se les asigna también con los dictados de “curero” o “clericalista”.

Y tan se acostumbraron a su nuevo mote, que refiérese que el licenciado don Vicente Ariza Padilla, hábil político hondureño y notable Abogado de Tegucigalpa, acostumbraba repetir, ora en el seno de la charla familiar, ora en la amena tertulia provocada en el círculo de sus amigos, que solamente aspiraba a que, sobre su sepultura, se colocara una lápida mortuoria con esta sencilla y lacónica leyenda:

AQUÍ YACE UN CACHURECO.

Decálogo del Corrupto

Pequeño Manual Ilustrado para el Político Corrupto

  1. A veces tu herencia proviene de raíces ancestrales, DE TAL PALO TAL ASTILLA.
  2. Si miras que alguien es honrado, tratas de enlodarlo.
  3. Eres un empedernido burócrata por naturaleza.
  4. Cuando entregas tu chamba a otro cumples con la siguiente trilogía: NO DEJAR HUELLA.
  5. Ser sinvergüenza para ti es una gran virtud.
  6. Procuras siempre participar en las misas negras y siempre apareces figurando entre la bola de corruptos.
  7. Corrompe lo que puedas para que así pienses que el mundo que te rodea es una bola de corrupción.
  8. Si a tus manos llegan transacciones de gran cuantía, usa tu pericia de lépero, es decir tu instinto de corrupto.
  9. Recuerda que tus mejores credenciales de presentación son: el soborno, el robo, la falsificación, el timo, la zancadilla, la malversación y la apropiación de lo que no es tuyo.
  10. El mayor homenaje que tus pupilos corrompidos te pueden hacer es el siguiente: GRACIAS PADRE DE LA CORRUPCIÓN.
Tomado del libro: “Adivinanzas, refranes, bombas y trabalenguas” de Francisco Arístides Medina (Ediciones Culturales Fama).

Autobiografía de Medardo Mejía

Medardo Mejía utiliza la historia de su vida para dar cátedra sobre la práctica de la moral marxista-leninista en su relato Refiere, Anisias, El Paso de Aquel Milpero. Obviamente, esto lo escribió antes de que cayera el muro de Berlín y se desintegrara la Unión Soviética, por lo que su relato nos parece ahora demasiado ingenuo. Medardo Mejía estaba convencido de que Estados Unidos representaba las fuerzas del mal, el imperialismo y el fascismo y que la Unión Soviética representaba la única esperanza de progreso y democracia para la humanidad.

En el caso de Honduras, él estaba convencido de que la guerra de 1969 con El Salvador fue provocada por Estados Unidos, y que era Estados Unidos el que decidía quien iba a ser presidente en Honduras. Contrario al pensamiento de otros izquierdistas, él consideró que el presidente de facto, Julio Lozano, hizo una labor patriótica al no aceptar préstamos internacionales, todo lo contrario de Villeda Morales, al que considera vendido al imperialismo yanqui. Desilusionado, denuncia que los liberales no eran los suficientemente anti-fascistas como él lo había creído al principio.

Usted puede descargar el libro en formato PDF aquí.

Salario Mínimo en Honduras 2012-2013

Aunque todavía no sale en La Gaceta, el documento sobre el Acuerdo al que llegaron las partes sobre el salario mínimo ya está disponible en formato PDF.

Ver documento: Acuerdo de Salario Mínimo 2012.

Para un ejemplo típico: una persona que trabaja en el rubro de “Comercio al por Mayor y Menor, Restaurantes y Hoteles”, cuya empresa tenga de uno a diez empleados, recibirá un salario mínimo de L. 6,388.80 mensual. Si trabaja por una jornada normal de 8 horas recibirá una cantidad de L. 212.96 por jornada, y si trabaja por hora recibirá L. 26.62 por hora.

En el caso de la maquila se llegó a un acuerdo que abarca tres años: desde el 2012 al 2014, según consta en el documento: Acuerdo de Maquila 2012-2014 Centrales. Aquí se indica que el aumento para el salario mínimo del sector maquila será del 6%, 7.25% y 8% para los años 2012, 2013 y 2014, respectivamente.

Cuatro Palabras Audaces ponen fin a una Fiesta Palaciega


Gral. Terencio Sierra

Por: Froylán Turcios

Aquel día hallábase el presidente Sierra en una de las raras fechas felices de su calendario. Por humanidad, y entre manifestaciones estruendosas, pasó en el Congreso no recuerdo qué iniciativa suya que juzgaba de gran trascendencia en el futuro del país. Para celebrar el acontecimiento invitó a los diputados y algunos de sus amigos a tomar con él y a sus ministros una copa de champaña.

En el pasillo que servía de comedor a la familia presidencial reinaba el más desbordante entusiasmo. La servidumbre iba de un lado para otro con bandejas de aceitunas, frutas frescas, galletas, sandwichs, copas de coñac cinco estrellas, y toda clase de exquisitos vinos: porto, vermouth, jerez, moscatel. Las risas y las conversaciones formaban un solo rumor de colmena.

De pronto callaron todos, pues comenzaba a circular el champaña.

De pie, de frac y con una copa en la mano, Sierra pronunció un corto brindis patriótico, que al punto fue contestado por varios palaciegos con frases de la más espesa adulación. Íbase ya por la tercera ronda, y nadie pensaba en discursos, cuando alguien golpeó la mesa, reclamando silencio…

Era el talentoso licenciado Manuel Membreño, quien con impasible dureza de expresión en el semblante, y con voz aguda y un tanto agresiva, dijo más o menos lo siguiente:

—General Sierra: —Estamos festejando aquí una de las innumerables farsas con que el poder público procura engañar al pueblo. Somos todos actores en un sainete ridículo que alguna vez debiera avergonzarnos. Ni usted, ni los diputados que servilmente curvan de miedo en su presencia el espinazo, ni ningún hondureño creen que se realizará lo que decretó el Congreso por orden suya. Juro que no lo creen, como yo no lo creo; y, sin embargo todos nos prestamos a tomar un papel en esta comedia grotesca. Usted está acostumbrado a la frase melosa de los turiferarios, y, por lo mismo mis francas palabras deben estar resonando en sus oídos como la expresión de la más audaz intemperancia o como las desacordes vociferaciones de un demente. Pero es preciso que las oiga entre la consternación de los pusilánimes y el secreto aplauso de los hombres íntegros, para que usted no se imagine que todo el pueblo hondureño es una manada de asnos rebuznando al compás de los embustes oficiales.

Un rayo cayendo sobre la regocijada concurrencia no habría producido la sorpresa y el espanto que causaron aquellas exageradas expresiones. Todos miráronse con las caras alargadas. Concentrando después su atención en el gobernante. Éste hallábase como el que ha recibido un balazo y no sabe en qué sitio. Sus amarillentos ojos movíanse rápidamente como los del tigre próximo a saltar. Así pasó medio minuto en el que no se oyó el vuelo de una mosca. Ni por un millón de dólares habría ninguno querido estar en la piel del licenciado Membreño.

—Vea, pariente, —exclamó al fin el temible jefe con voz resonante, rompiendo el dramático silencio —usted mismo lo ha dicho: es irresponsable de las grandes ofensas que gratuitamente ha proferido contra mí. Por su boca habló algún malévolo espíritu que el demonio del alcohol puso en su lengua. Rotundamente se equivoca al juzgar farsantes a los ciudadanos que con la mayor energía trabajamos por el progreso y la gloria de Honduras. Usted no es más que un…

En ese instante se sintió cariñosamente cogido por un brazo. Su hija Brígida, enterada por algún amigo de lo que pasaba, le habló en voz baja… Tras de una corta vacilación, dejando la copa intacta sobre la mesa, hizo un saludo y desapareció por la puerta que se abría a sus espaldas.

Cada cual buscó su sombrero, y entre el ruido de los que se marchaban, oyóse un grito del presidente:

—¡Detengan en la guardia al señor Membreño!

A éste se le habían evaporado los traidores tragos y pálido y nervioso explicaba su actitud a los que partían. Al oir aquella orden acercóse a mí —y aunque no nos hablábamos hacía muchos años, por motivos que no es del caso explicar—, me pidió que interviniera en su favor. Así lo hice en el acto con doña Carmen, quien me facultó para que dijera al jefe de la guardia que le dejara salir. Entre tanto Sierra, aunque calmado con amenas pláticas de sus más íntimos cortesanos, y con fricciones de agua de Colonia en la cabeza, paséabase en camisa con el puro en la boca, bufando a lo largo de la estancia.

Marzo de 1938.

Tomado del libro “Anecdotario Hondureño”, por Froylán Turcios.