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Los Tolupanes

Se les conoce como Jicaques, pero su nombre auténtico es Tolupán. El término de jicaque fue utilizado por los colonizadores para referirse a los diferentes grupos rebeldes de la Taguzgalpa. Hacia fines de la época prehispánica se extendieron por la costa Atlántica, la Bahía de Honduras, desde el río Ulúa a Puerto Castilla, cerca de la actual ciudad de Trujillo y tierra adentro hasta el río Sulaco, pero en el año de 1609 los Tolupanes se ubicaron como grupo étnico en el área de los ríos Guayape y Guayambre, en Olancho.

En este proceso de reasentamiento étnico murieron grandes cantidades de indígenas debido al trabajo forzado y las enfermedades foráneas. El misionero español Manuel de Jesús Subirana, en 1864, gestionó ante las autoridades los títulos de propiedad para estas poblaciones, dichas tierras tituladas a favor de los indígenas hoy día son motivo de disputa por encontrarse la gran mayoría ocupadas por cafetaleros y ganaderos ladinos en el departamento de Yoro.

El pueblo Xicaque o Tolupán se encuentra ubicado en los departamentos de Yoro y Francisco Morazán, en los municipios de Morazán, Negrito, Victoria, Yorito, Yoro, Olanchito, Marale y Orica.

Las tierras ocupadas por el pueblo Tolupán son un 60 por ciento de vocación forestal, 30 por ciento ganadero y 10 por ciento agrícola. En las partes más altas de las montañas de Yoro, actualmente forman la Federación de Tribus Xicaques con 25 consejos tribales, y dos que todavía no se han integrado a esta estructura que es la tribu El Hoyo y la zona Occidental de la Montaña de La Flor. Su población aproximada es de 18 mil personas.

A pesar de que la cultura Tolupán ha sido en gran parte afectada por los ladinos, conservan su lengua Tool y sus tradiciones en las tribus de la Montaña de la Flor. La organización social descansa en la familia y en la sociedad tribal.

En 1978 se integra una directiva con el nombre de Federación Nacional de Tribus para la Liberación del Indígena Hondureño (FENATRILH), para reivindicar los derechos ancestrales y culturales del pueblo Tolupán. Posteriormente fue modificada para surgir la que actualmente se conoce como FETRIXI (Federación de Tribus Xicaques de Yoro).

Las actividades de los tolupanes giran alrededor de pequeños cultivos de café que fue introducido en la década de 1930. Sus alimentos básicos son el maíz, frijol, calabazas, papas y otros tubérculos. Plantan bananos en pequeñas parcelas y otros árboles frutales como naranjos, mangos y aguacate, así como pequeños plantíos de tabaco.

Producen miel de abeja, practican la pesca y caza en menor escala, conservan el uso del arco y la flecha para la cacería, el consumo de tabaco en pipas elaboradas para la localidad y el uso de la piedra pedernal para encender el fuego; también de la corteza de un árbol fabrican tiras de telas para unir entre sí los palos para construir chozas.

Tejen hermosas canastas de variadas formas y redes que se emplean para transportar maíz. Las mujeres cosen sus vestidos con telas compradas y las túnicas de los hombres llamadas balandranes con dril.

Fuente: Diario La Prensa, del 28 de enero de 1996. Citado en el libro Historia de Honduras, de Miguel J. Suazo Padilla.

Los Pech

Los Pech, conocidos peyorativamente como Payas, tienen un origen aún desconocido. Son probablemente descendientes de los Chibchas, los cuales salieron de América del Sur probablemente hace tres mil años y se establecieron entre Colombia y América Central.

Durante la colonia se extendieron del río Aguán al río Patuca en la zona nororiental de Honduras. En la época prehispánica se extendieron del norte del río Aguán hasta el Cabo de Gracias a Dios. La lengua Pech está identificada como un idioma de la familia de lenguas macro-chibcha, de origen sudamericano.

Esta etnia está compuesta por nueve tribus que son: Vallecito, Pueblo Nuevo Subirana, Agua Zarca, Culuco, Jocomico, Pisijire de Dulce Nombre de Culmí, Santa María del Carbón de San Esteban, en Olancho, Silón en Trujillo y las Marías en la Biósfera del Río Plátano.

A pesar de que han sido sometidos históricamente por el proceso de aculturación, aún conservan su lengua y parte de sus costumbres que se manifiestan en comidas, bebidas alimenticias y embriagantes.

Estas comidas y bebidas en su mayor parte son el sustento pech, acompañado de frijol y del arroz. También practican la cría de animales domésticos. Se dedican en menor escala a la extracción de la resina del árbol de liquidámbar, a la producción artesanal y lavado de oro.

La organización social del pueblo Pech descansa en la familia extensa. Las mujeres participan mucho en la vida económica de su aldea, ellas han sido artesanas, agricultoras, pescadoras, curanderas y chamanes (jefe tribal, consejera, sacerdotisa).

Su organización política actual se desenvuelve alrededor de la Federación de Tribus Indígenas Pech de Honduras (Fetriph), constituida en 1985 con el propósito de luchar por el derecho de la tierra, conservación de sus costumbres y cultura. En 1996 la población estimada fue de 1,670 personas.

La utilización de la diversidad de plantas características de la vegetación del trópico húmedo con fines alimenticios, religiosos y medicinales ha sido complementada por los Pech con las actividades de cacería y uso de madera para construcción.

Actualmente en la comunidad Pech del carbón se desarrolla el manejo del bosque comunitario, donde por primera vez la población tiene la oportunidad de conocer la infinidad de maderas que pueden obtenerse con fines comerciales.

Fuente: Diario La Prensa, del 28 de enero de 1996. Citado en el libro Historia de Honduras, de Miguel J. Suazo Padilla.

Los Tawahkas

Los Tawahkas o Sumos, antiguamente estaban formados por diez subtribus: Tawahka, Panamaka, Ulwa, Bawinka, Kukra, Yusku, Boah, Silam y Kí. La región geográfica que ocupan es desde el río Patuca hasta el río Punta Gorda, en Nicaragua. La lengua materna es el tawahka, también hablan miskito y español.

En la actualidad, están distribuidos en las comunidades de Krautara y Krausirpe en el municipio de Brus Laguna, Gracias a Dios; Yupawas, Kamakasna y Parawas en el municipio de Culmí en Olancho. En estas comunidades, según la Federación Indígena Tawahka, habitan unos 975 indígenas. También se encuentran Tawahkas, Panamakas y Ulwas en Nicaragua, alcanzando un total de unos 9 mil indígenas.

Las comunidades Tawahkas se encuentran en las márgenes del río Patuca, su única vía de comunicación, y cuyas aguas además las usan para actividades domésticas, riego, pesca y navegación.

Mantienen su identidad cultural a través de varias manifestaciones religiosas, artísticas, alimenticias y de organización social. Profesan la religión católica, con alto grado de sincretismo con su religión nativa. Su mística está representada por algunos instrumentos musicales como: Barah Flauta, Sibayan maraca, Durum Tambor, el Kuáh untak cascarón de tortuga, Lunki Arco, etc.

En el aspecto alimenticio, elaboran bebidas y comidas propias de la zona, entre ellas la chicha de maíz, de arroz, wasplu, warapo de supa, el wabul (bebida preparada a base de guineos verdes y agua).

La organización político-organizativa Tawahka se conoce como la Federación Indígena Tawahka de Honduras (FITH), constituida legalmente en septiembre de 1987.

Luchan por la defensa de sus recursos naturales contra los ganaderos que han ocupado la mayor parte de sus tierras de vocación agrícola, siendo estas parte de la «reserva indígena Tawahka», cuyo instrumento legal se encuentra en poder del Congreso Nacional para su reconocimiento.

Explotan un área de unas 77 mil hectáreas, ubicada entre Gracias a Dios, Olancho y Colón. El sistema de producción se basa en la caza, pesca y extracción de madera, un cinco por ciento de la superficie se destina a uso agrícola, incluyendo granos básicos, tubérculos, frutales y tierra en descanso (guamil).

El territorio Tawahka se encuentra fuera del área protegida de la Biósfera del Río Plátano y carece de respaldo legal. En 1990 se realizaron estudios de campo que proponen la creación de una reserva forestal de 333 mil hectáreas cuya delimitación abarcaría las tierras Tawahkas, diversas áreas silvestres contiguas y una zona de amortiguamiento.

De las actividades de remuneración económica está la antigua práctica del lavado de oro sobre las vetas acuíferas del río Patuca. Recién se ha incrementado la migración a la zona por ladinos y miskitos y su pequeña industria de fabricación de pipantes se ha aumentado.

Ente el potencial de desarrollo que se vislumbra está el manejo del ecoturismo, el aprovechamiento y cultivo de subproductos del bosque y el uso sostenible de los recursos naturales.

Fuente: Diario La Prensa, del 28 de enero de 1996. Citado en el libro Historia de Honduras, de Miguel J. Suazo Padilla.

Las Pastorelas del Padre José Trinidad Reyes

Por: Rómulo E. Durón

Nueve Pastorelas escribió el Padre Reyes:

Noemí; que todas las personas de su tiempo, que le sobreviven, reconocen por la más antigua.

Micol; que según la copia de fecha más remota, que obra en mi poder, fue escrita el 15 de diciembre de 1838. Esta fue dedicada a las señoritas Rafaela y Juana Rovelo, y se estrenó, a lo que recuerdan algunas personas, en 1841, aunque es de presumir que se haya estrenado antes, dada la fecha de su composición.

Neftalia, la que compuso para las señoritas María Antonia e Isidora Reyes, la segunda de las cuales fue escogida para el papel de Séfora.

Zelfa, dedicada a las señoritas Manuela Vega (después de Ugarte); Juana Vásquez (después, de Bonilla); y Maclovia Bonilla (después de Dávila).

Rubenia, dedicada a las mismas personas a quien dedicó Zelfa. En varias representaciones se ha suprimido el acto primero, o sea, las Posadas de José y María, que han creído algunos obra independiente; pero la intervención de estos personajes en el último acto, que también han acostumbrado suprimir, quita toda duda de que las Posadas forman parte de Rubenia. Por lo demás así consta en el manuscrito más antiguo que poseo.

Elisa, que compuso para las señoritas Juana y Jerónima Godoy, se estrenó el 2 de febrero de 1851, día de Candelaria. La señorita Teodora González (despues, de Vigil) y don Juan Ramón Jereda, primeros que la estrenaron, sacaron copia de ella por saberla de memoria: el original quedó en poder de la familia Godoy, y se perdió.

Albano, que dedicó a la señorita Raimunda Milla (después, de Moncada). Refiérese que se iba a estrenar en 1851, pero que se quedó ensayada y no se representó por haberse anunciado que apedrearían a los pastores por las alusiones a ciertos personajes políticos. Otros afirman que, no obstante la amenaza, se dio la representación.

Olimpia, la cual dedicó a la señorita Trinidad Borjas, y se estrenó en 1855. Al representarse por segunda vez, se perdió el original.

Y finalmente Floro, o sea la Pastorela del Diablo, la cual casi no parece del Padre Reyes, tan defectuosa es la copia que de ella se conserva. De ésta, don Miguel R. Ugarte me ha informado que se imprimió en vida del Padre Reyes: ¿se habrá salvado algún ejemplar impreso? ¡Dios lo quiera!

Tomado del libro José Trinidad Reyes: Rubenia, Olimpia. Biblioteca Básica de Cultura Hondureña.