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oct 09

Juan Ramón Matta Ballesteros

Juan Ramón Matta Ballesteros, también conocido como Juan Ramón Matta López, o Matta del Pozo, fue un narcotraficante hondureño muy poderoso, cuya deportación ilegal a Estados Unidos resultó muy controversial, viéndose como una injerencia de ese país en los asuntos internos de Honduras, y como una flagrante violación de la Constitución.

Matta Ballesteros, que nació en el Barrio La Hoya de Tegucigalpa, en el 12 de enero de 1945, era reclamado por los delitos de narcotráfico y homicidio en México, Estados Unidos, Colombia y Honduras. Se fugó de varias cárceles de alta seguridad. Entre ellas EGLIN (EE.UU.), LA PICOTA y MODELO (Colombia).

Al regresar a Honduras fue encarcelado, pero luego fue absuelto. Autoridades hondureñas y norteamericanas lo capturaron el 5 de abril de 1988 para entregarlo a la policía federal estadounidense con el fin de que fuera juzgado allá. Su condena fue de cárcel perpetua.

Cuando Matta Ballesteros estuvo en una cárcel hondureña, alguien le preguntó como había escapado de la cárcel “Modelo” de Colombia, que en ese tiempo se consideraba la más segura de Latinoamérica, a lo que él contestó: “Bueno, las puertas se van abriendo y uno va pasando”.

La reacción ante la captura de Matta

La opinión ilustrada de Honduras calificó de ilegal la expulsión de Matta, citando el artículo 102 de la Constitución, que sostiene que “ningún hondureño podrá ser expatriado, ni entregado por las autoridades a un Estado extranjero”. Entre los que se pronunciaron contra esta medida se encuentra el señor Guillermo Pérez Cadalso, que en ese entonces era decano de la Facultad de Derecho de la UNAH, y presidente del Colegio de Juristas Hondureños. También el entonces rector de la UNAH, el abogado Oswaldo Ramos Soto, y el entonces diputado Manuel Zelaya Rosales, el que habló en nombre de un grupo de compañeros diputados.

Como respuesta a éste último, el también parlamentario y entonces Ministro de Recursos Naturales, Rodrigo Castillo Aguilar, dijo en una frase que se hizo famosa: “Yo entiendo que con la entrega de Matta a los Estados Unidos se violó la Constitución, pero, si es para beneficio de Honduras, QUE SE VIOLE LAS VECES QUE SEAN NECESARIAS.” El presidente Azcona argumentó que la expulsión de Matta era por motivos de “profilaxis social”.

Ese mismo día 7 de abril, a las siete de la noche, se reunió una multitud en las instalaciones de la embajada de Estados Unidos en la avenida La Paz, y de inmediato comenzaron a lanzar piedras y objetos al edificio. La turba, a la que se incorporaron estudiantes universitarios, incendió algunos automóviles que estaban en la calzada. Esta turba fue reprimida por agentes anti-motines del ejército alrededor de las 10 de la noche.

Días después, el 19 de abril, fue detenido por agentes de seguridad el estudiante de secundaria Roger González Zelaya bajo la acusación de ser uno de los que incendió la Embajada. Este joven nunca apareció, y algunos dicen que fue torturado hasta la muerte por la Dirección Nacional de Investigación (DNI).

En respuesta a los disturbios en la Embajada, el Presidente Azcona decretó un Estado de Sitio con vigencia solo en las ciudades de Tegucigalpa, Comayagüela y San Pedro Sula. Al ejecutar la disposición Azcona ordenó el establecimiento obligatorio de una “Cadena Nacional de Radio y Televisión”, que solo pasaba boletines del gobierno en noches informativas completas, desde el 8 de abril hasta el 12 del mismo mes. Esta medida fue muy criticada por la opinión pública internacional.

Como respuesta a la expulsión de Matta, el señor Jaime Rosenthal Oliva renunció al cargo de Asesor en Asuntos Económicos de Azcona, aunque continúo en su puesto de Designado Presidencial.

Fuente: Libro “Evolución Histórica de Honduras” de Longino Becerra (2009).