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El Origen de La Sucia

Por Francisco Durón Padilla

Generalmente se le describe como a una mujer que sale en las quebradas o riachuelos, lavando un montón de ropa, casi siempre por las noches; asustando a las personas que pasan por allí, en algunos lugares le llaman la Ciguanaba pero en otros, es conocida con el nombre de la Segua.

En cuanto a su origen les diré que en la literatura oral de la zona sur, se le considera como una mujer joven y bonita que vivía en Nacaome. Ella siempre le ayudaba a su mamá a realizar los quehaceres domésticos, yéndose todas las mañanas muy temprano a lavar ropa al río.

Cuando llegó a tener quince años; un vecino suyo se enamoró de ella. Cuentan que el muchacho era bien trabajador y sus padres tenían bastantes tierras y ganado. Como consecuencia lógica los padres de la muchacha vieron que el joven era una buena persona y entonces pensaron que sería bueno que se matrimoniaran ya que hacían una buena pareja. Y dijeron -¿Qué mejor partido podemos encontrar?- que se casen.

Entonces los padres del muchacho mandaron una comisión de hombres mayores y serios a pedir la mano de la joven, contestando los papás de la muchacha que sí aceptaban el casamiento, poniéndose de acuerdo el día y la hora que se realizaría la boda.

Pero sucedió que en aquellos lejanos tiempos los curas eran bien rígidos y cuando llegó el día del matrimonio, la muchacha no llevaba la fe de bautismo, porque sus padres; como eran gente humilde no le habían dado la importancia a aquello, cuando ella había nacido.

Por ese motivo a ella no le habían echado el agua bendita entonces: cuando llegaron a la Iglesia fue lo primero que el sacerdote les pidió, «la fe de bautismo». Ellos le dijeron que no había sido bautizada y le pidieron que si lo podía hacer él, para ahí nomás poderlos casar. Pero el cura era un señor colérico y les contestó que no, y que ese matrimonio en esas condiciones no se podía realizar.

Sucedió que la joven por cuentas se decepcionó, le produjo un trauma y a partir de entonces enloqueció, y ya loca no pudieron casarse tampoco, por lo que la boda fue olvidada.

Dicen que la muchacha nunca se quitó el traje de novia que se había puesto desde aquel casorio, así pasaba todo el tiempo que no se lo quitaba, ni cuando iba a lavar al río. Una de tantas mañanas que se encontraba lavando, le contaron que su prometido se iba a casar con otra; y ahí como que se le metió el diablo, salió a la carrera con dirección a un barranco que había por ahí, pegó un alarido y se tiró, estrellándose en unas piedras; y ahí nomás murió.

Se cree que el espíritu de esa mujer es el que anda deambulando, porque se le ve con el vestido todo sucio. Es un espíritu que quedó errante para toda la vida. La sucia le sale a los tunantes, a los borrachos, a los vagos y en algunos casos a la gente trabajadora. También se transforma en la enamorada del tunante y se han presentado casos que hasta la han abrazado y besado pensando que es la novia; como le sucedió a un señor de Río Abajo que la abrazó pensando que era su enamorada, y cuando se dio cuenta que era la mera bruta casi se hace loco.

Autor: Francisco Durón Padilla
Libro: Leyendas, Azoros y Relatos de mi Pueblo.

El cerro Embrujado


Al fondo se puede observar el cerro San Cristobal.

Por: Lidia María de Cálix.

Hace muchísimos años, cuando Danlí era apenas una pequeña población, cuyos habitantes se dedicaban a la agricultura y la pequeña ganadería. En ese tiempo todavía no había entrado el primero carro al pueblo, las personas hacían sus viajes a lomo de mula o a pie.

Cuentan que por ese tiempo sucedía algo muy extraño en el cerro «San Cristobal» guardián del norte de esta ciudad. Los pobladores escuchaban a todas horas del día, el canto de un gallo y además de esto a diario veían ropa tendida en el cerro. Tanta fue la curiosidad de sus habitantes que cierta vez dispusieron realizar un viaje para conocer a la familia que vivía en ese lugar, pues querían hacer amistad con ella.

Al llegar al sitio indicado, cual no fue su sorpresa que sólo encontraron pino, rocas y una cueva deshabitada. Al regresar a Danlí, continuaron viendo y oyendo lo mismo.

Por eso entonces, esta población fue visitada por el venerado y admirado sacerdote Manuel de Jesús Subirana y los habitantes danlideños le contaron lo sucedido al religioso y en efecto, este fue testigo de tal acontecimiento y pensando que se trataba de una cuestión diabólica, dispuso, con un grupo de vecinos ir a bendecir el cerro.

Al llegar a su base, el sacerdote inició su bendición, cuando iba llegando cerca de la mitad del cerro (lugar del suceso extraño) dícese que este empezó a crecer, y que a medida la gente con el sacerdote avanzaba, el cerro crecía y crecía, de tal manera que nunca pudieron llegar al sitio propuesto, para poderlo bendecir.

Se dice que este cerro, en el futuro hará explosión y su reacción será lenguas de fuego, por lo que tratará de destruir la población, pero que en esa misma fecha, el peñón de Apagüitz, guardián del sur de Danlí, reventará en agua, lo que contrarrestará la furia del cerro «San Cristobal».

Leyenda tomada del libro Danlí en el Recuerdo, de Darío González Cáceres.