Archivo por años: 2011

¿Quién se robó la Turca?

El caso trágico de la bella Norma Zablah.

Recuerdos tristes de la Tegucigalpa de ayer.

Por: J. Augusto Irías Cálix

Transcurrían los plácidos años de las postrimerías del gobierno del Dr. y Gral. don Tiburcio Carías Andino en la ciudad de Tegucigalpa; cuando un acontecimiento vino a estremecer el ambiente social de aquellos días; y fue el desaparecimiento de una joven encantadora, de sonrisa angelical y alegre; que hacía sus estudios secundarios en el Instituto María Auxiliadora.

El impacto social y político fue por lo menos de 500 kilotones de T.N.T., y en los círculos sociales y políticos más destacados la pregunta era: ¿Quién se robó la Turca?

En cierta oportunidad nos encontrábamos reunidos en un salón del “Hotel Las Américas”, con los licenciados: Eliseo Pérez Cadalso, Hostilio Lobo Cálix, Esteban Mendoza y este servidor, cuando a alguien se le ocurrió decir:

“¿Por qué no consultamos con un fakir de la India que se encuentra hospedado en este hotel?”. Todos se rieron de la ocurrencia, y algunos dijeron: ¿por qué no?.

Así pasaron los días y el caso parecía no tener solución. Se decía que un alto personaje del gobierno la había raptado y secuestrado, y después, para hacer desaparecer las evidencias, su cadáver fue lanzado al mar desde un avión.

Antes de estos acontecimientos tuvimos la oportunidad de platicar con la deslumbrante y simpática Normita Zablah, a quién —junto a otros compañeros de estudios— la abordábamos cuando con un grupo de alumnas se dirigía a su centro de estudios, el Instituto María Auxiliadora.

Normita Zablah vivía en un establecimiento de sus padres, que estaba situado en la calle del comercio frente al Parque “La Merced”, y se llamaba Bazar Jerusalén, exactamente donde hoy se encuentra el edificio Midence-Soto.

Nadie puede conocer los sentimientos y pensamientos del ser humano, especialmente cuando se trata de una aberración por controlar y disfrutar del cariño y el amor de una bella mujer, la cual no puede ser conquistada por los medios tradicionales de atraer el cariño y el afecto cuando es correspondido por el mutuo consentimiento.

Los acontecimientos continuaron su curso, las suposiciones de los diferentes estratos sociales señalaban a un alto personaje de la administración pública, un destacado abogado, escritor y poeta. Por los medios radiales y de prensa se informó que este personaje había sido nombrado en el cargo de Cónsul General de Honduras en la Ciudad de Nueva York.

Este nombramiento suscitó muchos comentarios y suposiciones dentro de los diferentes círculos sociales y políticos de la Capital; y —cosa inesperada— de improviso la tragedia cobró otra víctima —que en este caso fue el antes mencionado abogado, escritor y poeta— quien no soportó la presión psicológica sobre su persona.

Ese trágico día, iba yo por la esquina de la Frutería “El Rábano”, cerca de la Farmacia Arles, como a las 10 de la mañana, acompañado del señor William Shoemaker —quién se desempeñaba como agente de Scotland Yard de Londres en Tegucigalpa— cuando escuchamos la fuerte detonación de un disparo de pistola automática. Cundió la alarma entre los vecinos del sector y la casa que estaba situada frente al Teatro Pálace. Todos nos dirigimos a investigar lo sucedido en la casa antes mencionada. Desgraciadamente, el hecho quedó comprobado. El señor antes mencionado, que era funcionario del gobierno, ¡se había suicidado!

Y como colofón decimos: Que el cuerpo de la turquita nunca apareció, y tampoco se pudo comprobar que en el crimen haya tenido participación directa el funcionario gubernamental que se suicidó, ya que muchas personas son supersensibles y pueden sufrir una profunda alteración psicológica.

Y los padres de la turquita se trasladaron a vivir a México, y hasta allá van nuestras sinceras condolencias, a través del tiempo y el espacio.

Y entonces, decimos nosotros: ¿Quién se robó la Turca?

Resurrexit

Por: José Antonio Domínguez
(hondureño)

En los tiempos gloriosos ya distantes
en que andaba en la tierra el Nazareno
y la flor del milagro no era un mito,
aconteció lo que contaros quiero.

En la remota comarca cuyo nombre
ha olvidado la Historia según creo
hubo entre dos ejércitos rivales
un combate reñido muy sangriento.

Y estando de camino al otro día
con su amado discípulo el Maestro,
cruzaron a los rayos de la aurora
el campo de cadáveres cubierto.

Bien pronto al escuchar los dolorosos
ladridos que lanzaba un pobre perro,
al sitio se acercaron donde exánime
dormido al parecer yacía el dueño.

Era un joven de pálido semblante
y de agraciado y varonil aspecto
cuya temprana vida cortó en breve
un proyectil que penetró en su pecho.

Aún de sus yertos ojos se advertía
una gota rodar de llanto acerbo.
¡quizá tendría madre y también novia!
¡Tal vez le amaban mucho y era bueno!

—Mucho habrán de sentirlo sus parientes,
pero él es ya feliz— dijo el Maestro.—
Y en tanto, junto al amo dando vueltas,
proseguía ladrando el pobre perro.

¡Escena singular! Cual si implorara
algún auxilio sobrehumano de ellos,
aquel pobre animal con sus aullidos
parecía empeñado en conmoverlos.

Y al ver que vacilaban, sus clamores
tornaba al punto en agasajos tiernos;
a sus pies gemebundo se arrojaba
y hablar tan sólo le faltaba al perro.

—¡Qué amor tan entrañable y casi humano
revela ese animal!— exclamó Pedro.
Por su fidelidad ¡cuál se traslucen
de su amo los hermosos sentimientos!

¡Qué lástima de joven, se diría
que no debió morir; y que si el cielo
otorgarle quisiera nueva vida
le ablandara las quejas de ese perro.—

Absorto Jesucristo meditaba.
De su místico arrobo al fin saliendo
—Tienes razón— le dijo a su discípulo.
Merecía vivir ese mancebo.—

Y aplicando sus manos al cadáver
cicatrizó la herida de su pecho;
y en nombre del Creador de cielo y tierra
volvió la vida al que se hallaba muerto.

Luego sumióle en sueño delicioso:
acalló los ladridos de su perro,
y después a los rayos de la aurora
se alejó de aquel sitio con San Pedro.

Marzo de 1903. (*)

(*) Pocos días después de haber escrito esta bella poesía, nuestro infortunado amigo Domínguez se suicidó en Juticalpa, a los 34 años de edad (5 de abril de 1903). Tomado de la revista Ariel, dirigida por Froylán Turcios.

Creación del Día de la Mujer Hondureña

El 25 de enero se celebra el Día de la Mujer hondureña, en recuerdo a una jornada histórica en la que se logró una importante conquista política por parte de la población femenina hondureña y en la que fueron reconocidos sus derechos políticos a través del Decreto N° 29 de 1955.

A través de este decreto presidencial, aprobado en el gobierno de Julio Lozano Díaz, las mujeres hondureñas pudieron gozar de sus derechos políticos y se les reconoció el derecho a ejercer el voto y a participar en la actividad política del país, logrando así ir más allá del espacio doméstico a un campo público y electoral.

La primera ocasión en que participó la mujer en elecciones nacionales fue en el período de 1957 a 1963 cuando resultó electo Ramón Villeda Morales. Dentro de las limitaciones que se establecieron en ese momento estaban por ejemplo, que solo las mujeres que podían leer tenían el derecho a votar, pese a que la mayoría de ellas eran analfabetas en ese tiempo.

Otro aspecto negativo era la limitada participación, en cargo de elección popular, desafortunadamente en la actualidad pese a que se tiene la Ley de Igualdad de Oportunidades, las mujeres hoy igual que ayer siguen votando por los candidatos hombres, negándole las oportunidades a muchas mujeres capaces y honestas.

La mujer debe conquistar, mediante la lucha y con una estrategia organizada esos espacios políticos, no se deben aceptar como regalos que suponen agradecimiento y sumisión, sino como triunfos logrados por esfuerzos propios.

Los movimientos de mujeres por sus derechos

Los movimientos de mujeres en Honduras datan de inicios del siglo pasado y se mantienen y amplían día a día no obstante las divisiones, debilidades y dificultades a las que se enfrentan permanentemente.

A partir de la década de los años 20, surge la primera organización de mujeres conocida como “Sociedad Cultural Femenina”, dirigida por Graciela García y otras reconocidas líderes que lucharon tesoneramente por reinvindicar a las mujeres hondureñas.

Esta actividad impulsó diversas actividades culturales, contribuyó a la organización de las y los trabajadores y mantuvo la lucha contra los 16 años de dictadura de Tiburcio Carías Andino.

En la década del 50 se organiza la Federación de Asociaciones Femeninas de Honduras, inspiradas en el movimiento sufragista internacional, y junto a otras mujeres luchan por los derechos políticos, en la búsqueda de las conquistas en el plano legal, quedando pendiente el logro de su ciudadanía plena.

Es a partir de esa fecha que en nuestro país se han creado una serie de estructuras con el propósito principal de darle a la mujer protección y hacer valer sus derechos.

Es interesante observar que siete décadas despues de esas importantes luchas y conquistas las mujeres siguen demandando los mismos derechos, tanto en las empresas maquiladoras como en otros campos.

Se debe reconocer y hacer visible el aporte histórico de las organizaciones de mujeres que han trabajado en la promoción y protección de los derechos de las mujeres hondureñas. Porque aquí en Honduras como en Centroamérica y casi toda la América Latina se ha invisibilizado el aporte de la mujer en nuestra historia.

Activismo femenino

Entre las organizaciones de mujeres que hacen esfuerzos por lograr el respeto a los derechos y conquistas de las mujeres podríamos citar a: Movimiento de Mujeres por la Paz “Visitación Padilla”, Colectivo Feminista de Mujeres Universitarias, Centro de Derechos de la Mujer CDM, Centro de Estudios de la Mujer-Honduras CEM-H, Asociación Hondureña de Mujeres Campesinas, Enlace de Mujeres Negras, Unión de Mujeres Campesinas Hondureñas, Movimiento de Mujeres de la Colonia López Arellano MUMUCLA y, el Bloque Coordinador de Mujeres del Sur, entre otras valiosas organizaciones.

Fuente: Vida Laboral, Edición #13.
Tomado de La Tribuna, del 25 de enero del 2011.

Decreto del Día de la Mujer Hondureña

DECRETO N° 60

El Congreso Nacional DECRETA:

Art. 1°. Declarar “Día de la Mujer Hondureña” al veinticinco de enero de cada año.

Art. 2° Facultar al Poder Ejecutivo para que emita el reglamento que estime conveniente.

Art. 3° Este decreto empezará a regir desde el día de su promulgación.

Dado en Tegucigalpa, D. C. en el Salón de Sesiones a los ocho días del mes de febrero de mil novecientos cincuenta y cuatro.

F. Salomón Jiménez.
Presidente del Congreso Nacional.