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El supuesto racismo de Enrique Ortez Colindres

Los hondureños bien sabemos que hay una inmensa campaña de desinformación en contra del presente gobierno, por que nos hemos colocado en el centro del campo la lucha ideológica chavista.

Y parte de esa campaña consiste en difamar a las personas vinculadas al gobierno. Se hace mano del matonismo verbal, se trata de hacer ver a las personas como monstruos despreciables dignos de ser pisoteados.

La izquierda chavista no se anda con finezas: insulta, miente y denigra con el mayor descaro.

Se ha dicho que en Honduras hay un régimen militar represivo, que hay muchos muertos, heridos y desaparecidos. Lo cual es mentira.

Una víctima del matonismo verbal de la izquierda ha sido el señor Enrique Ortez Colíndres, el cual fue canciller por unos días, y luego tuvo que renunciar, por presiones de la Embajada de los Estados Unidos.

El embajador Hugo Llorens sacó un comunicado en el que decía sentirse «profundamente indignado» por unas declaraciones supuestamente racistas de Ortez Colindres. Ortez Colíndres había dicho en el programa de televisión «Frente a Frente» de Televicentro, que Obama era «un negrito que no sabía donde quedaba Tegucigalpa».

Llorens interpretó que la palabra «negrito» era un término racista y peyorativo.

Pero en Honduras no estamos tan obsesionados con el tema racial como en Estados Unidos. La palabra «negrito» no implica connotaciones racistas. No había pues razón de sentirse «profundamente indignado». Estas declaraciones las dio antes de ser juramentado como canciller.

Sin embargo, se podría objetar que el haber dicho que Obama «no sabe donde está Tegucigalpa», es denigrante, por que es como decir que Obama es un tonto ignorante.

Pero, no es así. Es un hecho que muchos norteamericanos no saben donde está Honduras, no pueden ubicarlo en el mapa. Y esto le sucede a norteamericanos de todos los colores, no es un asunto racial.

Lo que quería decir Ortez Colíndres es que no podemos esperar que Estados Unidos resuelva todos nuestros problemas, nosotros debemos tomar nuestra responsabilidad como hondureños para salvar a la patria. Este es ciertamente un mensaje con el que se pueden identificar muchas personas de izquierda.

No sé si Hugo Llorens simpatiza con el chavismo. Espero que no, pero su interpretación de los comentarios de Llorens les ha servido a los chavistas para denigrarlo injustamente, y a este gobierno interino.

Enrique Ortez Colíndres es un diplomático de carrera que estudió en Francia. Tiene cerca de ochenta años de edad, pero está lleno de energía y buen humor, con todo el ánimo de servir a su país. Ortez Colíndres fue asesor del ex presidente Manuel Zelaya, del cual es pariente. Fue el primero en denunciar los planes continuistas de éste.

No les correspondía a los militares arrestar a Zelaya

El Abogado Efraín Moncada Silva, que fue asesor del derrocado gobierno, argumenta que los militares no estaban facultados para capturar al presidente Zelaya:

Conforme el Art. 306 de la Constitución los órganos jurisdiccionales, requerirán en caso necesario, el auxilio de la fuerza pública para el cumplimiento de sus resoluciones. Aún suponiendo, sin estar comprobado, que hubiese mediado la comisión de delito alguno, correspondía a la Policía Nacional ejecutar las resoluciones del Poder Judicial y no a las Fuerzas Armadas que conforme el Art. 274 de la propia Constitución no tiene ninguna competencia relacionada con la ejecución de resoluciones, disposiciones, mandatos y decisiones legales de las autoridades y funcionarios públicos, especialmente del Poder Judicial, porque sus atribuciones están determinadas expresamente en dicho Art. 274. De tal manera que en la aprehensión violenta del Presidente de la República, se consumaron, sin lugar a dudas, varios delitos que tarde o temprano tendrán que determinarse.

Las acciones contra el presidente eran de orden penal, por lo que le correspondía capturarlo la policía, y no de orden constitucional. Ixcuic, del blog Xibalbá así lo explica:

Nótese que el procedimiento que las autoridades fiscales y judiciales abrieron a Zelaya es de carácter penal (que lleva intrínseco el debido proceso y no prácticas de destierro) y mucho menos se cita el artículo que Sánchez arguye [el 239]. Lo que procedía era ponerlo a las ordenes del poder judicial.

Sí fue un golpe, pero un golpe necesario

Zelaya quería imponer una constitución por la fuerza, había que sacarlo por medio de la fuerza.

Después de haber condenado brevemente el golpe de Estado en Honduras, dí un pie atrás y dije que no era golpe.

No soy un experto en leyes, pero en un asunto como este no es fácil solo ser analítico y dejar de tomar partido. Siempre fui crítico de Zelaya, y era natural que considerara positivo su derrocamiento.

Sin embargo, después de pasado algún tiempo, y examinar los argumentos con más calma, tengo que reconocer que no terminan de convencerme los que dicen que no hubo golpe de Estado, sino una sucesión constitucional.

Es cierto que al faltar al presidente de la República, le corresponde al presidente del Congreso asumir el cargo. En este caso le tocaba a Roberto Micheletti. Sin embargo, para que Micheletti asumiera Manuel Zelaya tendría que estar inhabilitado.

¿Estaba Zelaya inhabilitado? Manuel Zelaya había recibido una orden de captura para ponerlo a la orden de los tribunales. En vez de eso, los militares decidieron sacarlo del país para evitar un baño de sangre. El Congreso decidió destituir a Zelaya, y nombrar a Micheletti como presidente. Pero el Congreso no tiene la facultad de destituir a un presidente.

Zelaya tendría que haber sido juzgado y condenado para quedar inhabilitado, y que luego pudiera asumir Micheletti. (Recordemos que la ley presume la inocencia de un ciudadano mientras no se pruebe lo contrario). Esto no sucedió.

Como Micheletti asumió un cargo que no le correspondía, él es un usurpador, y puede ser juzgado por tal. También incurren en responsabilidad todos los diputados que votaron para destituir a Zelaya y nombrar a Micheletti como presidente, al igual que los ministros nombrados en este gobierno.

Esto es un golpe, señores. No se puede tapar el sol con un dedo. Micheletti habla de hacer una «ofensiva diplomática» para convencer a otros gobiernos de que no hubo golpe, pero no puede ni convencer a sus propios ciudadanos.

Los que defienden el golpe dicen defender la democracia y la legalidad deben de avergonzarse, por que la destitución de Manuel Zelaya fue ilegal. No se puede defender la legalidad cometiendo ilegalidades. No se puede aplicar la ley en forma selectiva, si le aplica la ley a Zelaya y a sus cuatreros, debe de aplicarse la ley contra Micheletti y sus ministros.

Para defender la destitución de Zelaya se suele invocar el artículo 239 de la Constitución, que dice que los que propongan reformar la alternabilidad en el cargo presidencial cesan inmediatamente en sus cargos.

Pero el problema es que Zelaya nunca dijo abiertamente que él se proponía legalizar la reelección, aunque todos lo sospechábamos. Una sospecha, por muy fundada que esté, no era motivo para considerar a Zelaya removido en su cargo.

No hay vuelta de hoja, Zelaya fue sustituido en forma ilegal. Esto fue un golpe de Estado. Y no importa que el poder esté en manos de civiles y los tres poderes funcionen normalmente, porque se ha roto el orden constitucional.

Sin embargo, ha pesar de estas valoraciones. Todavía considero lo sucedido el 28 de junio como algo positivo. No había alternativa que hacer lo que se hizo, a pesar de la condena internacional.

Y es que Zelaya tenía planeado su propio golpe de Estado.

La encuesta que se celebraría el 28 de junio, y que era supuestamente no vinculante, en realidad sí lo era. Un decreto de la Gaceta del 25 de junio cambiaba las reglas del juego. Aunque el decreto tenía fecha del 25 de junio, no se imprimió hasta cerca de la medianoche del sábado 27 de junio, justo antes de la encuesta. En este decreto se decía que la encuesta era una Convocatoria para una Asamblea Nacional Constituyente.

Es obvio que esto se había mantenido oculto para iniciar acciones judiciales en contra. El siguiente paso era convocar una Asamblea Nacional Constituyente y disolver el Congreso. La asamblea constituyente cambiaría la constitución actual por una más acorde con el socialismo del siglo XXI promovido por Hugo Chávez. La elecciones se aplazarían indefinidamente y Zelaya continuaría la presidencia.

Era de esperarse que la Asamblea Nacional Constituyente fuera convocada el mismo día 28, y disuelto el Congreso y la Corte Suprema de Justicia. Para impedir que esto sucediera había que tomar una decisión rápida. No había tiempo para largos procedimientos legales, por que Zelaya estaba dispuesto a saltarse todas las leyes.

Zelaya quería imponer una constitución por la fuerza, había que sacarlo por medio de la fuerza.

Se puede argumentar que estos solo son supuestos, y que había que esperar que Zelaya intentara convocar la Constituyente para enjuiciarlo. Lo cual está muy bien… teóricamente, pero no podíamos quedarnos cruzados de brazos viéndo como nos quitaban el país de las manos. Cuando hay una revolución las formalidades legales no tienen ningún valor. Había que recurrir a la fuerza.

A pesar de que no se siguieron los formalismos legales necesarios, se protegió el espíritu de la Constitución, que le pone un candado a las aspiraciones continuistas de los tiranos. El golpe de Estado contra Zelaya es en realidad un rescate de la institucionalidad. Había que violar la ley para que se mantuviera el imperio de la ley.

Era necesario escoger el mal menor. Es mejor ser golpista que traidor a la patria.

Golpista, por siempre golpista

«Eres un golpista, y siempre te recordarán por golpista. Siempre tendrás ese estigma de golpista». Le decia un funcionario del gobierno derrocado de Mel Zelaya a Renato Álvarez, reconocido periodista de la Corporación Televicentro.

Un golpista, según ellos, no es solo la persona parte de una élite política que derroca a un gobierno legítimo, sino todos los que tienen una opinión favorable a dicho régimen, y los que levantan su voz o la pluma para defenderlo.

Se es golpista, aunque se piense que no se es. Aun cuando se piense que el derrocamiento tiene una justificación jurídica, y que por lo tanto no ha existido tal golpe de Estado.

Incluso se llega hasta el extremo de pensar que un hijo de un golpista también debería de llevar ese estigma de golpista. Un golpista no podrá ser nunca perdonado, aunque pasen los años y trate de arrepentirse de su pasado golpista. Un golpista es siempre golpista.

El Cardenal Oscar Andrés Rodríguez ha sido valiente al no condenar el nuevo gobierno interino, por que los izquierdistas siempre lo recordarán por golpista, y eso será una mancha cuando éste aspire a convertirse en Papa.

Aun con todo esto, un golpista puede redimirse con tal que tenga la ideología correcta. Así, el fracasado golpista de Hugo Chávez se ha bañado en los lampos de la gloria izquierdista, y su intento de golpe no es mal visto por sus seguidores. Nadie le grita «golpista».

Es irónico, que los vende-patria de los chavistas hondureños acusen de golpistas a los que quieren defender la democracia hondureña de la injerencia de Venezuela, teniendo en cuenta que Hugo Chávez, al que idolatran, es un fracasado golpista.