La teoría de la conspiración chavista

Según los blanquitos, Hugo Chávez fue el causante de la crisis política del 2,009 en Honduras.

Hay varias versiones de esta teoría, pero la más radical dice que Manuel Zelaya recibió apoyo financiero de Hugo Chávez para ganar las elecciones del 2,005 por medio de un fraude electoral, otros dicen que Manuel Zelaya se desvió hacia la izquierda chavista cuando firmó la adhesión de Honduras al ALBA.

El modus operandi de la izquierda chavista consiste en llegar al poder por medio de las urnas, y una vez en el poder destruir la democracia desde adentro, destruyendo la separación de poderes, creando nuevas constituciones políticas que les permitan obtener poderes totalitarios, estableciendo una reelección presidencial indefinida que les permita perpetuarse en el poder por medio del fraude electoral.

Esto es lo que Hugo Chávez pretendía hacer en Honduras por medio de Manuel Zelaya, porque Manuel Zelaya no es más que un lacayo de Hugo Chávez.

El gobierno de Zelaya promovió fuertemente la idea de que era necesario cambiar la Constitución para resolver los problemas de Honduras, pero nunca explicó en qué consistían esos cambios.

El plan inicial era realizar una consulta popular o plesbicito para preguntarle a la población si quería tener una nueva constitución. Esta consulta se haría el mismo día de las elecciones presidenciales: el 29 de noviembre del 2009.

Pero Zelaya nunca obtuvo la aprobación del Congreso para aprobar el marco legal que le permitiera realizar esta consulta, por lo que Zelaya decidió saltarse la ley, y para legitimar esta consulta decidió crear otra consulta, en la que se le preguntaría al pueblo si quería que se le consultara sobre el tema de crear o no una nueva constitución para Honduras.

Esta nueva consulta, totalmente ilegal, no era más que una cortina de humo de Zelaya para ganar tiempo y ocultar sus verdaderas intenciones, cosa que no logró, pues todos en Honduras se dieron cuenta de que la verdadera intención de Zelaya era perpetuarse en el poder, a pesar de que la Constitución de Honduras prohibe la reelección.

El 2,009 era un año electoral en Honduras, normalmente el tema electoral acapara la atención de la prensa, pero Manuel Zelaya opacó el tema de las elecciones con su campaña de la “cuarta urna” o consulta popular.

En esta campaña se sembró el odio contra todos los que se oponían al plan chavista de Zelaya, acusándolos de ser “instrumentos de la oligarquía”, o en el mejor de los casos: “tontos útiles”.

Era obvio que Zelaya no quería que hubieran elecciones, razón por la cual no dio los fondos suficientes al Tribunal Supremo Electoral, organismo encargado de dirigir el proceso electoral, y es por esa razón que se negó a presentar el presupuesto nacional anual, con el objetivo de malversar impunemente los fondos del Estado para invertirlos en la ilegal consulta.

Zelaya recibió resoluciones del Poder Judicial, que le prohibían realizar la tal consulta, pero él se había ensoberbecido y se creía por encima de la ley.

El 28 de junio era el día señalado para la consulta, la cual no se pudo realizar porque Zelaya fue expulsado del país, y el material electoral fue decomisado.

Se descubrió el fraude electoral que tenía preparado Zelaya, y el decreto ejecutivo en que ordenaba la inmediata convocación de una Asamblea Nacional Constituyente. Zelaya pretendía ese día disolver la Corte Suprema de Justicia y el Congreso Nacional por oponerse a sus planes totalitarios y continuistas.

Este plan de Zelaya constituía un verdadero golpe de Estado, y la expulsión de Zelaya se realizó para evitar ese golpe de Estado, pero el mundo no pudo entender esto, por la campaña de desinformación realizada por Hugo Chávez y la izquierda internacional.

La Corte Suprema de Justicia emitió una orden de captura contra Zelaya, por delitos de abuso de autoridad y traición a la patria, entre otros, pero los militares encargados de la captura de Zelaya decidieron que por cuestiones de seguridad nacional era preferible expulsar a Zelaya del territorio nacional antes de que una turba intentara liberarlo.

Para llenar el vacío de poder resultante el Congreso decidió juramentar a Roberto Micheletti como presidente de la República, a quien le correspondía ese alto cargo por ser el siguiente en la línea de mando de acuerdo a la Constitución.

Roberto Micheletti fue un presidente legítimo y no de facto, como dijeron los enemigos de Honduras, porque Zelaya había sufrido una destitución automática de acuerdo al artículo 239 de la Constitución, por haber promovido la reelección.

Roberto Micheletti se comportó como un verdadero héroe nacional al resistir la presión internacional para dimitir de su cargo.

La población tuvo que sufrir el terrorismo zelayista financiado por Hugo Chávez, por eso fue necesario decretar varios días de toque de queda, medida que sirvió para aminorar la violencia callejera.

Por su parte, Zelaya se empecinó en difamar a su país, lanzando acusaciones absurdas de violaciones a los derechos humanos, aunque después, bajo la presión de Estados Unidos, decidió firmar un acuerdo con el gobierno de Micheletti, acuerdo que desconoció cuando se dio cuenta de que no le favorecía.

Pero ya era demasiado tarde para Zelaya, por que ese acuerdo permitió el reconocimiento de las elecciones del 2,009 por parte de Estados Unidos.

Las elecciones se realizaron con éxito, a pesar del intento de boicot chavista. Pero la conspiración chavista no terminó con la toma de posesión de un nuevo presidente en Honduras.

Se ha demostrado que el nuevo presidente, el señor Porfirio Lobo, se doblega fácilmente ante los intereses zelayistas, mientras finge ser un político moderado. El presidente Lobo es parte de la conspiración chavista contra Honduras, la cual ha entrado en una nueva etapa.

Problemas con esta historia

La expulsión de Zelaya dio la impresión de un auténtico golpe de Estado. Las razones para opinar lo contrario dan la impresión de ser meras racionalizaciones.

Esta teoría de la conspiración no contó con una propaganda internacional de difusión, por lo que resultó fácil sepultar la verdad con toneladas de mentiras.

Los blanquitos exageran cuando ven la sombra de Chávez por todas partes.